miércoles, 26 de mayo de 2010

Lectura para 1'. Científicos extrapoladores y fementidos.

Tomado de Humanismo sin Credos


No se nos aparta de la cabeza el fementido uso que hace la Credulidad Jerárquica de aquellas personalidades que destacan en algún aspecto de la ciencia y que, compungidos, hincan sus rodillas pidiendo perdón por sus pecados y demandando el alimento espiritual que su ciencia no les aporta.



Los científicos de la naturaleza descubren que las bases mismas de la vida se expresan mediante leyes físicas y químicas y aplican la metodología adecuada para llegar a conocimientos válidos.



Eso está bien y de hecho así ha progresado la ciencia. Pero, curiosamente, cuando tratan con “ideas”, “pensamientos”, “sentimientos”... no proceden con el mismo rigor científico ni conceden valor a las explicaciones de la Psicología y otras ciencias no "tan" naturales. Recurren al arca de Noé de los “misterios insondables”.



Propugnan un alma inmortal y un Ser supremo para aliviar sus ansias, pero cuando la neurología les va acercando a la “sede de la conciencia” y el concepto “alma” deja de tener consistencia, tornan sus ojos a otros especímenes...



Ser científico, especialmente de las ciencias de la naturaleza, no significa tener patente de corso para guiar a nadie hacia creencias variopintas.



Añádase que hay quienes no muestran el más mínimo amor a la ciencia, pero sí a la estafa a través de la ciencia. En esto son verdaderos maestros los Testigos de Jeohová, aunque también lo fue Tihamer Toth.



Constatar que son irracionales determinadas reacciones emotivas ante sucesos que perturban, no da derecho a deducir, por vía racional, que tenga que haber un sostén para las mismas.



Sirva la ironía de Chesterton, anatematizando a determinados procientíficos crédulos de su época: del hecho de encontrar alimentos, objetos personales, etc. en las tumbas egipcias, se deduce que los muertos en aquella época comían; del hecho constatado de poner flores sobre las tumbas de los seres queridos, también se deduce que los muertos mantienen el olfato intacto.



No otra es la deducción que se puede hacer de vidas futuras, de inmortalidades sentidas y creídas... Como el hombre no quiere fenecer, allá que nos inventamos parafernalias para después de la muerte. ¡Y como hay mentes conspicuas que así lo creen, el vulgo camina "arrebañado" tras el carnero primero!



Si, además, hay sacerdotes detrás que lo afirman y que para hacerse obedecer agitan el zurriago de penas también eternas, razón de más para creerlo.

El Infierno, segun Juan Pablo II, Julio 1999

El infierno como rechazo definitivo de Dios.


1. Dios es Padre infinitamente bueno y misericordioso. Pero, por desgracia, el hombre, llamado a responderle en la libertad, puede elegir rechazar definitivamente su amor y su perdón, renunciando así para siempre a la comunión gozosa con él. Precisamente esta trágica situación es lo que señala la doctrina cristiana cuando habla de condenación o infierno. No se trata de un castigo de Dios infligido desde el exterior, sino del desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida. La misma dimensión de infelicidad que conlleva esta oscura condición puede intuirse, en cierto modo, a la luz de algunas experiencias nuestras terribles, que convierten la vida, como se suele decir, en «un infierno».

Con todo, en sentido teológico, el infierno es algo muy diferente: es la última consecuencia del pecado mismo, que se vuelve contra quien lo ha cometido. Es la situación en que se sitúa definitivamente quien rechaza la misericordia del Padre incluso en el último instante de su vida.

2. Para describir esta realidad, la sagrada Escritura utiliza un lenguaje simbólico, que se precisará progresivamente. En el Antiguo Testamento, la condición de los muertos no estaba aún plenamente iluminada por la Revelación. En efecto, por lo general, se pensaba que los muertos se reunían en el sheol, un lugar de tinieblas (cf. Ez 28, 8; 31, 14; Jb 10, 21 ss; 38, 17; Sal 30, 10; 88, 7. 13), una fosa de la que no se puede salir (cf. Jb 7, 9), un lugar en el que no es posible dar gloria a Dios (cf. Is 38, 18; Sal 6, 6).

El Nuevo Testamento proyecta nueva luz sobre la condición de los muertos, sobre todo anunciando que Cristo, con su resurrección, ha vencido la muerte y ha extendido su poder liberador también en el reino de los muertos.

Sin embargo, la Redención sigue siendo un ofrecimiento de salvación que corresponde al hombre acoger con libertad. Por eso, cada uno será juzgado «de acuerdo con sus obras» (Ap 20, 13). Recurriendo a imágenes, el Nuevo Testamento presenta el lugar destinado a los obradores de iniquidad como un horno ardiente, donde «será el llanto y el rechinar de dientes» (Mt 13, 42; cf. 25, 30. 41) o como la gehenna de «fuego que no se apaga» (Mc 9, 43). Todo ello es expresado, con forma de narración, en la parábola del rico Epulón, en la que se precisa que el infierno es el lugar de pena definitiva, sin posibilidad de retorno o de mitigación del dolor (cf. Lc 16, 19-31).

También el Apocalipsis representa plásticamente en un «lago de fuego» a los que no se hallan inscritos en el libro de la vida, yendo así al encuentro de una «segunda muerte» (Ap. 20, 13ss). Por consiguiente, quienes se obstinan en no abrirse al Evangelio, se predisponen a «una ruina eterna, alejados de la presencia del Señor y de la Gloria de su Poder» (2 Ts. 1, 9).

3. Las imágenes con las que la sagrada Escritura nos presenta el infierno deben interpretarse correctamente. Expresan la completa frustración y vaciedad de una vida sin Dios. El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría. Así resume los datos de la fe sobre este tema el Catecismo de la Iglesia católica: «Morir en pecado mortal sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra infierno» (n. 1033).

Por eso, la «condenación» no se ha de atribuir a la iniciativa de Dios, dado que en su amor misericordioso él no puede querer sino la salvación de los seres que ha creado. En realidad, es la criatura la que se cierra a su amor. La «condenación» consiste precisamente en que el hombre se aleja definitivamente de Dios, por elección libre y confirmada con la muerte, que sella para siempre esa opción. La sentencia de Dios ratifica ese estado.

4. La fe cristiana enseña que, en el riesgo del «sí» y del «no» que caracteriza la libertad de las criaturas, alguien ha dicho ya «no». Se trata de las criaturas espirituales que se rebelaron contra el amor de Dios y a las que se llama demonios (cf. concilio IV de Letrán: DS 800-801). Para nosotros, los seres humanos, esa historia resuena como una advertencia: nos exhorta continuamente a evitar la tragedia en la que desemboca el pecado y a vivir nuestra vida según el modelo de Jesús, que siempre dijo «sí» a Dios.

La condenación sigue siendo una posibilidad real, pero no nos es dado conocer, sin especial revelación divina, cuáles seres humanos han quedado implicados efectivamente en ella. El pensamiento del infierno -y mucho menos la utilización impropia de las imágenes bíblicas no debe crear psicosis o angustia; pero representa una exhortación necesaria y saludable a la libertad, dentro del anuncio de que Jesús resucitado ha vencido a Satanás, dándonos el Espíritu de Dios, que nos hace invocar «Abbá, Padre» (Rm 8, 15; Ga 4, 6).

Esta perspectiva, llena de esperanza, prevalece en el anuncio cristiano. Se refleja eficazmente en la tradición litúrgica de la Iglesia, como lo atestiguan, por ejemplo, las palabras del Canon Romano: «Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa (...), líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos».

El Dios en quien no creo...

El Dios en quien no creo (Por Juan Arias)


Yo nunca creeré en:

El Dios que “sorprenda” al hombre en un pecado de debilidad

El Dios que condene la materia

El Dios que ame el dolor

El Dios que ponga luz roja a las alegrías humanas

El Dios mago y hechicero

El Dios que se hace temer o no se deja tutear

El Dios que se haga monopolio de una iglesia, de una raza, de una cultura o de una casta

El Dios que juega a condenar

El Dios que “manda” al infierno

El Dios incapaz de perdonar lo que muchos hombres condenan

El Dios incapaz de comprender que los niños deben mancharse y son olvidadizos

El Dios que exija al hombre, para creer, renunciar a ser hombre

El Dios a quien no temen los ricos a cuya puerta yace el hambre y la miseria

El Dios al que adoran los que van a Misa y siguen robando y calumniando

El Dios que no supiese descubrir algo de su bondad, de su esencia, allí donde vibre un amor por equivocado que sea.

El Dios que condene la sexualidad

El Dios para quien fuese el mismo pecado complacerse con la vista de unas piernas bonitas que calumniar y robar al prójimo o abusar del poder para medrar o vengarse.

El Dios morfina para la reforma de la tierra y sólo esperanza para la vida futura

El Dios de los que creen que aman a Dios porque no aman a nadie

El Dios que dé por buena la guerra

El Dios que pretenden que el cura rocíe con agua bendita los sepulcros blanqueados de sus juegos sucios

El Dios que negase al hombre la libertad de pecar

El Dios a quien le falte perdón para algún pecado

El Dios que aceptase y diese por bueno todo lo que los curas decimos de El

El Dios que ponga la ley por encima de la conciencia

El Dios que prefiera la pureza al amor

El Dios que no pueda descubrirse en los ojos de un niño o de una mujer bonita o de una madre que llora

El Dios que se case con la política

El Dios que aniquilara para siempre nuestra carne en lugar de resucitarla

El Dios que aceptara por amigo a quien pasa por la tierra sin hacer feliz a nadie

El Dios que al abrazar al hombre aquí en la tierra no supiera comunicarle el gusto y la felicidad de todos los amores humanos juntos

El Dios que no se hubiera hecho verdadero hombre con todas sus consecuencias

El Dios en el que yo no pueda esperar contra toda esperanza.



Sí, mi Dios es el otro Dios.

lunes, 24 de mayo de 2010

Mas preguntas que respuestas...

Inquietas, desasosegadas, las gentes de las aldeas miraban aquella niebla impenetrable


que se situaba donde el mar debía de estar y esperaban, sin saberlo, que el ruido de los

remos y del agua se interrumpiera de repente, para volver a entrar en casa y, con llaves,

trancas y candados, cerrar todas las puertas, aunque sepan que el menor soplo las

derribará, si aquel que está más allá es quien imaginan y para este lado decide soplar. La

espesa niebla se va abriendo para que Jesús pase, pero los ojos apenas llegan a la punta

de los remos y a la popa, con su travesaño simple sirviendo de banco. El resto es un

muro, primero de un gris descolorido y ceniciento, luego, a medida que la barca se

aproxima a su destino, una claridad difusa empieza a blanquear y dar brillo a la niebla,

que vibra como si buscase, sin conseguirlo, en el silencio, un sonido. En un círculo mayor

de luz, la barca se detiene, es el centro del mar de Galilea. Sentado en el banco de popa,

está Dios.

No es, como la primera vez, una nube, una columna de humo, que hoy, estando así el

tiempo, podrían haberse perdido o confundido en la niebla. Es un hombre alto y viejo, de

barbas fluviales derramadas sobre el pecho, la cabeza descubierta, el pelo suelto, la cara

ancha y fuerte, la boca espesa, que hablará sin que los labios parezcan moverse. Va

vestido como un judío rico, con túnica larga color magenta, un manto con mangas, azul,

orlado de oro, pero en los pies lleva unas sandalias gruesas, rústicas, de esas de las que

se dice que son para andar, lo que muestra que no debe ser persona de hábitos

sedentarios. Cuando se haya ido, nos preguntaremos, Cómo era el cabello, y no

recordaremos si blanco, negro o castaño, por la edad debía de ser blanco, pero hay a

quien las canas le vienen tarde, éste será tal vez el caso. Jesús metió los remos dentro de

la barca, como quien piensa que la conversación va a prolongarse, y dijo, simplemente,

Aquí estoy. Sin prisa, metódicamente, Dios compuso el vuelo del manto sobre las rodillas

y dijo también, Aquí estamos. Por el tono de voz, diríamos que había sonreído, pero la

boca no se movió, sólo el pelo del bigote y de la barba se estremeció, vibrando como una

campana. Dijo Jesús, He venido a saber quién soy y qué voy a tener que hacer de aquí en

adelante para cumplir, ante ti, mi parte del contrato.

Dijo Dios, Son dos cuestiones, vayamos por partes, por cuál quieres empezar, Por la

primera, quién soy yo, preguntó Jesús, No lo sabes, preguntó Dios a su vez, Creía saberlo,

creía que era hijo de mi padre, A qué padre te refieres, A mi padre, al carpintero José hijo

de Heli, o de Jacob, no sé bien, El que murió crucificado, No pensaba que hubiera otro,

Fue un trágico error de los romanos, ese padre murió inocente y sin culpa, Has dicho ese

padre, eso significa que hay otro, Me asombras, eres un chico experto, inteligente, En este

caso no me sirvió la inteligencia, lo oí de boca del Diablo, Andas con el Diablo, No ando

con el Diablo, fue él quien vino a mi encuentro, Y qué fue lo que oíste de boca del Diablo,

Que soy tu hijo. Dios hizo, acompasado, un gesto afirmativo con la cabeza, y dijo, Sí, eres

mi hijo, Cómo puede ser un hombre hijo de Dios, Si eres hijo de Dios, no eres un hombre,

Soy un hombre, vivo, como, duermo, amo como un hombre, luego soy un hombre y como

hombre moriré, En tu lugar, yo no estaría tan seguro de eso, Qué quieres decir, Esa es la

segunda cuestión, pero tenemos tiempo, qué le respondiste al Diablo que dijo que eras

hijo mío, Nada, me quedé a la espera del día en que te encontrase, y a él lo expulsé del

poseso al que andaba atormentando, se llamaba Legión y eran muchos, Dónde están

ahora, No lo sé, Dijiste que los expulsaste, Seguro que sabes mejor que yo que, cuando se

expulsan diablos de un cuerpo, no se sabe adónde van, Y por qué tengo que saber yo los

asuntos del Diablo, Siendo Dios, tienes que saberto todo, Hasta cierto punto, sólo hasta

cierto punto, Qué punto, El punto en que empieza a ser interesante hacer como que

ignoro, Al menos sabrás cómo y por qué soy tu hijo y para qué, Observo que estás mucho

más despabilado de espíritu, incluso te noto un poco impertinente, considerando la

situación, que cuando te vi por primera vez, Era un muchacho asustado, ahora soy un

hombre, No tienes miedo, No, Lo tendrás, tranquilo, el miedo llega siempre, hasta a un

hijo de Dios, Tienes otros, Otros, qué, Hijos, Sólo necesitaba uno, Y yo, cómo pude llegar

a ser tu hijo, No te lo ha dicho tu madre, Lo sabe acaso mi madre, Le envié un ángel para

que le explicara cómo ocurrieron las cosas, creí que te lo habría contado, Y cuándo estuvo

ese ángel con mi madre, déjame ver, si no me equivoco, fue después de que tú salieras de

casa por segunda vez y antes de hacer lo del vino en Caná, Entonces mi madre lo sabía y

no me lo dijo, le conté que te vi en el desierto y no lo creyó, pero después de aparecérsele

un ángel, tendría que haberlo creído, y no lo quiso reconocer ante mí, Deberías saber

cómo son las mujeres, vives con una, ya lo sé, tienen todas sus manías, sus escrúpulos,

Qué manías y qué escrúpulos, Yo mezclé mi simiente con la de tu padre antes de que

fueras concebido, era la manera más fácil, la que menos llamaba la atención, Y estando

las simientes mezcladas, cómo sabes que soy tu hijo, Es verdad que en estos asuntos, en

general, no es prudente mostrar seguridades y menos una seguridad absoluta, pero yo la

tengo, de algo me sirve ser Dios, Y por qué has querido tener un hijo, Como no tenía

ninguno en el cielo, tuve que buscármelo en la tierra, no es original, hasta en las

religiones con dioses y diosas que podían hacer hijos entre sí, se ha visto a veces que uno

bajaba a la tierra, para variar, supongo, y de camino mejorar un poco a una parte del

género humano con la creación de héroes y otros fenómenos, Y este hijo que soy, para

qué lo quisiste, Por gusto de variar no fue, excusado sería decirlo, Entonces por qué,

Porque necesitaba a alguien que me ayudara aquí en la tierra, Como Dios que eres, no

debías necesitar ayudas, Esa es la segunda cuestión.

En el silencio que siguió, empezó a oírse, desde dentro de la niebla, aunque sin dirección

precisa, un ruido como de alguien que viniera nadando y que, a juzgar por los jadeos que

soltaba, o no pertenecía a la corporación de los maestros nadadores, o estaba a punto de

llegar al límite de sus fuerzas. A Jesús le pareció notar que Dios sonreía y que prolongaba

adrede la pausa para dar tiempo a que el nadador se mostrara en el círculo limpio de

niebla del que la barca era centro. Surgió por estribor, inesperadamente, cuando se diría

que iba a llegar por el otro lado, una mancha oscura mal definida en la que, en el primer

momento, la imaginación de Jesús creyó ver un cerdo con las orejas verticales fuera del

agua, pero que, tras unas brazadas más, se vio que era un hombre o algo que hombre

parecía. Dios giró la cabeza hacia el nadador, no sólo con curiosidad, sino interesado,

como si quisiera incitarlo en este último esfuerzo, y tal gesto, quizá por venir de quien

venía, dio resultado inmediato, las brazadas finales fueron rápidas y armoniosas, ni

parecía que el recién llegado viniera de tan lejos, de la orilla, queremos decir. Las manos

se agarraron al borde de la barca mientras la cabeza estaba aún medio metida en el agua,

y eran unas manos anchas y pesadas, con uñas fuertes, las manos de un cuerpo que,

como el de Dios, debía de ser alto, grande y viejo. La barca osciló con el impulso, la

cabeza ascendió del agua, el tronco vino detrás chorreando cual catarata, las piernas

después, era leviatán surgiendo de las últmas profundidades, era, como se vio, tras todos

estos años, el pastor, que decía, Aquí estoy también yo, mientras se instalaba en el barco,

exactamente a media distancia entre Jesús y Dios, aunque, caso singular, la embarcación

esta vez no se inclinó hacia su lado, como si Pastor hubiera decidido aliviarse de su

propio peso o levitase mientras parecía que estaba sentado. Aquí estoy, repitió, espero

haber llegado a tiempo de participar en la conversación, Ya íbamos bastante avanzados,

pero aún no hemos entrado en lo esencial, dijo Dios, y dirigiéndose a Jesús, {éste es el

diablo, de quien hablábamos hace un momento. Jesús miró a uno, miró luego al otro y

vio que, salvo las barbas de Dios, eran como gemelos, cierto es que el Diablo parecía más

joven, menos arrugado, pero sería una ilusión de los ojos o un engaño por él inducido.

dijo Jesús, Sé quién es, viví cuatro años en su compañía, cuando se llamaba Pastor, y

Dios respondió, Con alguien tenías que vivir, conmigo no era posible, con tu familia no

querías, sólo quedaba el Diablo, Fue él quien me buscó o tú quien me enviaste a él, En

rigor, ni una cosa ni la otra, digamos que estuvimos de acuerdo en que esa era la mejor

solución para tu caso, Por eso él sabía lo que decía cuando, por boca del poseso, me llamó

hijo tuyo, Exactamente, Es decir, que fui engañado por los dos, Como siempre sucede a

los hombres, Dijiste que no soy un hombre, Y lo confirmo, podríamos decir que, cuál es la

palabra técnica, podríamos decir que te encarnaste, Y ahora, qué queréis de mí, Quien

algo quiere soy yo, no él, Estáis aquí los dos, bien vi que su aparición no fue una sorpresa

para ti, lo estabas esperando, No precisamente, aunque, en principio, hay que contar

siempre con el Diablo, Pero si la cuestión que tú y yo tenemos que tratar sólo tiene que

ver con nosotros, por qué ha venido éste, por qué no lo echas de aquí, Se puede despedir

a la pandilla de granujas que el Diablo tiene a su servicio, cuando estos granujas

empiezan a molestar con actos o con palabras, pero al Diablo propiamente dicho, no,

Luego esta conversación es también con él, Hijo mío, no olvides lo que voy a decirte, todo

cuanto interesa a Dios, interesa al Diablo. Pastor, a quien de vez en cuando llamaremos

así para no estar mencionando constantemente el nombre del enemigo, oyó el diálogo sin

dar muestras de atención, como si no se hablara de él, negando de este modo, en

apariencia, la última y fundamental afirmación de Dios. Pero pronto se vio que la

desatención no pasaba de ser un fingimiento, pues cuando dijo Jesús, Hablemos ahora de

la segunda cuestión, se mostró atentísimo. Sin embargo no salió de su boca ni una sola

palabra.

Respiró Dios profundamente, miró la niebla de alrededor y murmuró, en tono de quien

acaba de hacer un descubrimiento inesperado y curioso, No lo había pensado, esto es

como estar en el desierto. Volvió los ojos a Jesús, hizo una larga pausa, y luego, como

quien se resigna ante lo inevitable, comenzó, La insatisfacción, hijo mío, fue puesta en el

corazón de los hombres por el Dios que los creó, hablo de mí, claro, pero esa

insatisfacción, como todo lo demás que os hace a mi imagen y semejanza, la busqué

donde ella estaba, en mi propio corazón, y el tiempo que ha pasado desde entonces no la

ha hecho desvanecerse, al contrario, parece como si el tiempo la hubiera hecho más

fuerte, más urgente, de mayor exigencia. Dios hizo aquí una breve pausa como para

apreciar el efecto de la introducción, luego prosiguió, Desde hace cuatro mil y cuatro

años, soy dios de los judíos, gente de natural conflictiva y complicada, pero de la que,

haciendo balance de nuestras relaciones, no me quejo, una vez que me toman en serio y

así se mantendrán a lo largo de todo lo que puede alcanzar mi visión de futuro, Por tanto

estás satisfecho, dijo Jesús, Lo estoy y no lo estoy, o mejor dicho, lo estaría si no fuera

por este inquieto corazón mío que todos los días me dice Sí señor, bonito destino, después

de cuatro mil años de trabajo y preocupaciones, que los sacrificios en los altares, por

abundantes y variados que sean, jamás pagarán, sigues siendo el dios de un pueblo

pequeñísimo que vive en una parte diminuta del mundo que creaste con todo lo que tiene

encima, dime tú, hijo mío, si puedo vivir satisfecho teniendo ésta, por así llamarla,

vejatoria evidencia todos los días ante los ojos, Yo no he creado ningún mundo, no puedo

valorarla, dijo Jesús, Es verdad, no puedes valorarla, pero sí puedes ayudar, Ayudar a

qué, A ampliar mi influencia para ser dios de mucha más gente, No entiendo, Si cumples

bien tu papel, es decir, el papel que te he reservado en mi plan, estoy segurísimo de que

en poco más de media docena de siglos, aunque tengamos que luchar, yo y tú, con

muchas contrariedades, pasaré de dios de los hebreos a dios de los que llamaremos

católicos, a la griega. Y cuál es el papel que me has destinado en tu plan, El de mártir,

hijo mío, el de víctima, que es lo mejor que hay para difundir una creencia y enfervorizar

una fe. Las dos palabras, mártir, víctima, salieron de la boca de Dios como si la lengua

que dentro tenía fuese de leche y miel, pero un súbito hielo estremeció de horror los

miembros de Jesús, parecía que la niebla se hubiese cerrado sobre él, al mismo tiempo

que el Diablo lo miraba con expresión enigmática, mezcla de interés científico e

involuntaria piedad. Me dijiste que me darías poder y gloria, balbuceó Jesús, temblando

aún de frío, Y te los daré, te los daré, pero recuerda lo que acordamos en su día, lo

tendrás todo, pero después de la muerte, Y de qué me sirven poder y gloria si estoy

muerto, Bien, no estarás precisamente muerto, en el sentido absoluto de la palabra, pues

siendo tú mi hijo estarás conmigo, o en mí, aún no lo tengo decidido de manera definitiva,

En ese sentido que dices, qué es no estar muerto, Es, por ejemplo, ver, siempre, cómo te

veneran en templos y altares, hasta el punto, puedo adelantártelo ya, de que las personas

del futuro olvidarán un poco al Dios inicial que soy, pero eso no tiene importancia, lo

mucho puede ser compartido, lo poco no. Jesús miró a Pastor, lo vio sonreír, y

comprendió, Ahora entiendo por qué está aquí el Diablo, si tu autoridad se prolonga a

más gente y a más países, también se prolongará su poder sobre los hombres, pues tus

límites son sus límites, ni un paso más, ni un paso menos, Tienes toda la razón, hijo mío,

me alegro de tu perspicacia, y la prueba de eso la tienes en el hecho, en el que nunca se

repara, de que los demonios de una religión no pueden tener acción alguna en otra

religión, como un dios, imaginando que hubiera entrado en confrontación directa con otro

dios, no lo puede vencer ni por él ser vencido, Y mi muerte, cómo será, A un mártir le

conviene una muerte dolorosa, y si es posible infame, para que la actitud de los creyentes

se haga más fácilmentte sensible, apasionada, emotiva, No vengas con rodeos, dime cuál

va a ser mi muerte, Dolorosa, infame, en la cruz, Como mi padre, tu padre soy yo, no lo

olvides, Si puedo todavía elegir un padre, lo elijo a él, incluso habiendo sido él, como fue,

infame una hora de su vida, Has sido elegido, no puedes elegir, Rompo el contrato, me

desligo de ti, quiero vivir como un hombre cualquiera, Palabras inútiles, hijo mío, aún no

te has dado cuenta de que estás en mi poder y de que todos esos documentos sellados a

los que llamamos acuerdo, pacto, tratado, contrato, alianza, en los que figuro yo como

parte, podían llevar una sola cláusula, con menos gasto de tinta y papel, una que

prescribiese sin más florituras, Todo cuanto la ley de Dios quiera es obligatorio, las

excepciones también, ahora, hijo mío, siendo tú, de cierta y notable manera, una

excepción, acabas siendo tan obligatorio como es la ley, y yo que la hice, Pero, con el

poder que sólo tú tienes, sería mucho más fácil, y éticamente más limpio, que fueras tú

mismo a la conquista de esos países y de esa gente:

—No puede ser, lo impide el pacto que hay entre los dioses, ese sí, inamovible, de nunca

interferir directamente en los conflictos, me imaginas acaso en una plaza pública,

rodeado de gentiles y paganos, intentando convencerlos de que el dios de ellos es un

fraude y que el verdadero Dios soy yo, esas no son cosas que un dios le haga a otro,

aparte de que a ningún dios le gusta que le hagan en su casa aquello que sería incorrecto

que él hiciese en casa de los otros, Entonces os servís de los hombres, Sí, hijo mío, sí, el

hombre es, podríamos decir, palo para cualquier cuchara, desde que nace hasta que

muere está siempre dispuesto a obedecer, lo mandan para allá y él va, le dicen que se

pare y se para, le ordenan que vuelva atrás y él retrocede, el hombre, tanto en la paz

como en la guerra, hablando en términos generales, es lo mejor que le ha podido ocurrir a

los dioses, Y el palo de que yo fui hecho, siendo hombre, para qué cuchara servirá, siendo

tu hijo, Serás la cuchara que yo meteré en la humanidad para sacarla llena de hombres

que creerán en el dios nuevo en el que me convertiré, Llena de hombres para que los

devores, No es necesario que yo devore a quien a sí mismo se devorará.

Jesús hundió los remos en el agua, dijo, Adiós, me voy a casa, volveréis por el camino por

el que vinisteis, tú a nado, y tú que sin más ni más reapareciste, desaparece también sin

más ni más.

Ni Dios ni el Diablo se movieron de donde estaban, y Jesús añadió, irónico, Ah, preferís ir

en barca, pues mejor, sí señores, os llevaré hasta la orilla, para que todos puedan, al fin,

ver a Dios y al Diablo en sus figuras propias, y que vean lo bien que se entienden y lo

parecidos que son.

Jesús dio media vuelta a la barca, en dirección ahora a la orilla de donde había partido, y

con golpes de remo fuertes y acompasados, entró en la niebla, tan espesa que en el

mismo instante dejó de verse a Dios, y del Diablo ni señal.

Se sintió vivo y alegre, con un vigor fuera de lo común, desde donde estaba no podía ver

la proa del barco, pero la sentía levantarse a cada impulso de los remos como la cabeza

del caballo en la carrera, que en cada momento parece desligarse del pesado cuerpo, pero

tiene que resignarse a tirar de él hasta el fin. Jesús remó, remó, la orilla debía de estar ya

próxima, cuál va a ser, se pregunta, la actitud de las gentes cuando les diga, El de las

barbas es Dios, el otro es el diablo. Jesús echó una mirada hacia atrás, donde estaba la

costa, distiguió una claridad diferente y anunció, Ya estamos, y remó más. En cualquier

momento esperaba oír el blando deslizarse del fondo de la barca sobre el lodo espeso de la

margen, el roce alegre de las pequeñas piedras sueltas, pero la proa de la barca, que él no

veía, apuntaba hacia dentro del lago, y la luz percibida era la del brillante círculo mágico,

la de la trampa fulgurante de que Jesús había imaginado escapar. Exhausto, dejó caer la

cabeza sobre el pecho, cruzó los brazos sobre las rodillas, puso los puños uno sobre otro,

como si esperase que viniera alguien a atárselos, ni siquiera pensó en meter los remos

dentro de la barca, tan imperiosa y exclusiva era en él ahora la conciencia de la inutilidad

de cualquier gesto que hiciese.

No sería el primero en hablar, no reconocería en voz alta la derrota, no pediría perdón por

haber rechazado la voluntad y los decretos de Dios e, indirectamente, atentado contra los

intereses del Diablo, natural beneficiario de los efectos segundos, aunque no secundarios,

del uso de la voluntad y de la realización efectiva de los proyectos del Señor. El silencio,

después de la tentativa frustrada, fue breve, Dios, allá en su banco, tras haberse

compuesto el vuelo de la túnica y el manto con la falsa solemnidad ritual del juez que va a

emitir una sentencia, dijo, Volvamos a empezar, volvamos a empezar a partir del

momento en que te dije que estás en mi poder, porque todo lo que no sea una aceptación

tuya, humilde y pacífica, de esta verdad, es tiempo que no deberías perder ni obligarme a

perder a mí, Volvamos a empezar, dijo Jesús, pero toma nota de que me niego a hacer

milagros y, sin milagros tu proyecto no es nada, un aguacero caído del cielo que no

alcanza para matar ninguna sed verdadera, Tendrás razón si estuviese en tu mano el

poder de hacer o no hacer milagros, Y no es así, Qué idea, los milagros, tanto los

pequeños como los grandes, soy yo quien los hace siempre, en tu presencia, claro, para

que recibas los beneficios que me convienen, en el fondo eres un supersticioso, crees que

basta con que esté el milagrero a la cabecera de un enfermo para que el milagro

acontezca, pero queriéndolo yo, un hombre que estuviera muriéndose sin tener a nadie a

su lado, solo en la mayor soledad, sin médico, ni enfermera, ni pariente querido al

alcance de su mano o de su voz, queriéndolo yo, repito, ese hombre se salvaría y seguiría

viviendo, como si nada le hubiera ocurrido, Por qué no lo haces entonces, Porque él

imaginaría que la curación le había venido por gracia de sus méritos personales y se

pondría a decir cosas como ésta Una persona como yo no podía morir, ahora bien, ya hay

demasiada presunción en el mundo que he creado para que ahora permita que a tanto

puedan llegar los desconciertos de opinión, Es decir, todos los milagros son tuyos, Los

que hiciste y los que harás, e incluso admitiendo, aunque esto es una mera hipótesis útil

para clarificar la cuestión que aquí nos ha traído, admitiendo que llevaras adelante esa

obstinación contra mi voluntad, si fueses por el mundo, es un ejemplo, clamando que no

eres hijo de Dios, lo que yo haría sería suscitar a tu paso tantos y tan grandes milagros

que no tendrías más remedio que rendirte a quien te los estuviera agradeciendo y, en

consecuencia, a mí, Entonces, no tengo salida, Ninguna, y no hagas como el cordero

rebelde que no quiere ir al sacrificio, y se agita, gime hasta romper el corazón, pero su

destino está escrito, el sacrificador lo espera ya con el cuchillo, Yo soy ese cordero, Lo que

tú eres, hijo mío, es el cordero de Dios, aquel a quien el propio Dios lleva hasta su altar,

que es lo que estamos preparando aquí.

Jesús miró a Pastor como si de él esperase, no un auxilio, sino, siendo forzosamente

diferente el entendimiento que él tendrá de las cosas del mundo, pues hombre no es ni

fue, ni dios fue ni será, quizá una mirada, un leve movimiento de cejas que pudiera

sugerirle al menos una respuesta hábil, dilatoria, que lo liberase, aunque sólo fuera por

un tiempo, de la situación de animal acorralado en la que se encuentra. Pero lo que Jesús

lee en los ojos de Pastor son las palabras que le dijo cuando lo expulsó de la guarda del

rebaño, No has aprendido nada, vete, ahora comprende Jesús que desobedecer a Dios

una vez no basta, aquel que no le sacrificó el cordero, no debe sacrificarle la oveja, que a

Dios, no se le puede decir Sí para después decirle No, como si el Sí y el No fuesen mano

izquierda y mano derecha, es bueno sólo el trabajo que las dos hiciesen. Dios, pese a sus

habituales exhibiciones de fuerza, él es el universo y las estrellas, él los rayos y los

truenos, él las voces y el fuego en lo alto de la montaña, no tenía poder para obligarte a

matar la oveja, sin embargo, tú, por ambición, la mataste, la sangre que ella derramó no

la absorbió toda la tierra del deserto, mira cómo llega hasta nosotros, es aquel hilo rojo

sobre el agua que, cuando nos vayamos de aquí, seguirá nuestro rastro, el tuyo, el de

Dios, el mío. Dijo Jesús a Dios, anunciaré a los hombres que soy tu hijo, el unigénito,

pero no creo que ni siquiera en estas tierras que son tuyas eso sea suficiente para que se

ensanche, como quieres, tu imperio, Te reconozco, hijo mío, al fin has abandonado las

fatigosas veleidades de resistencia con que estuviste a punto de irritarme, y entras, con tu

propio pie, en el modus faciendi, ahora bien, entre las innumerables cosas que a los

hombres pueden ser dichas, cualquiera que sea su raza, color, credo o filosofía, una sola

es pertinente a todos, una sola, a la que ninguno de estos hombres, sabio o ignorante,

joven o viejo, poderoso o miserable, se atrevería a responderte Eso que estás diciendo no

va conmigo, De qué se trata, preguntó Jesús, ahora sin disimular su interés, Todo

hombre, respondió Dios, en tono de quien da una lección, sea quien fuere, esté donde

esté, haga lo que haga, es un pecador, el pecado es, por así decir, tan inseparable del

hombre como el hombre se ha hecho inseparable del pecado, el hombre es una moneda,

le das la vuelta y ves el pecado, No has respondido a mi pregunta, Respondo, sí, y de esta

manera, la única palabra que ningún hombre puede rechazar como cosa no suya es

Arrepiéntete, porque todos los hombres cayeron en pecado, aunque sólo fuese una sola

vez, tuvieron un mal pensamiento, infringieron una costumbre, cometieron un crimen

mayor o menor, despreciaron a quien los necesitaba, faltaron a sus deberes, ofendieron a

la religión o a sus ministros, renegaron de Dios, a esos hombres no tendrás que decirles

más que Arrepentíos Arrepentíos Arrepentíos, Por tan poco no necesitarías sacrificar la

vida de aquel de quien dices ser padre, bastaba con que hicieras aparecer a un profeta,

Ya ha pasado el tiempo en que escuchaban a los profetas, hoy necesitamos un revulsivo

fuerte, algo capaz de conmover la sensibilidad y arrebatar los sentimientos, Un hijo de

Dios en la cruz, Por ejemplo, Y qué más le diré a la gente, aparte de exigirles un dudoso

arrepentimiento, si, hartos de tu advertencia, me dan la espalda, Sí, mandar que se

arrepientan no creo que sea suficiente, tendrás que recurrir a la imaginación, y no digas

que no la tienes, todavía hoy estoy sorprendido con el modo como conseguiste no

sacrificarme el cordero, Fue fácil, el animal no tenía nada de que arrepentirse, Graciosa

respuesta, aunque sin sentido, pero hasta eso es bueno, hay que dejar inquietas a las

personas, envueltas en dudas, inducirlas a pensar que si no consiguen entender, la culpa

es suya, Tengo que contarles historias, Sí, historias, parábolas, ejemplos morales, aunque

tengas que retorcer un poco la ley, no te importe, es una osadía que las gentes timoratas

siempre aprecian en los otros, a mí mismo, pero no por ser timorato, me gustó tu manera

de librar de la muerte a la adúltera, y mira que lo que digo no es poco, pues esa justicia la

puse yo en la regla que os di, Permites que te subviertan las leyes, es una mala señal, Lo

permito cuando me sirve, incluso llego a quererlo cuando me es útil, recuerda la

explicación sobre la ley y las excepciones, lo que mi voluntad quiere, se hace obligatorio

en el mismo instante, Moriré en la cruz, dijiste:

—Esa es mi voluntad.

Jesús miró al pastor, pero el rostro de él parecía ausente, como si estuviera

contemplando un momento del futuro y le costara creer lo que veían sus ojos. Jesús dejó

caer los brazos y dijo, Hágase entonces en mí según tu voluntad.

Dios iba a contragularse, a levantarse del banco para abrazar al hijo amado, cuando un

gesto de Jesús lo detuvo, Con una condición, Bien sabes que no puedes poner

condiciones, respondió Dios con expresión de contrariedad, No le llamemos condición,

llamémosle ruego, el simple ruego de un condenado a muerte, A ver, di, Tú eres Dios y

Dios no puede sino responder con verdad a cualquier pregunta que se le haga, y, siendo

Dios, conoce todo el tiempo pasado, la vida de hoy, que está en el medio, y todo el tiempo

futuro, Así es, yo soy el tiempo, la verdad y la vida, Entonces, dime, en nombre de todo lo

que dices ser, cómo será el futuro después de mi muerte, qué habrá en él que no habría si

yo no hubiera aceptado sacrificarme a tu insatisfacción, a ese deseo de reinar sobre más

gente y más países. Dios hizo un movimiento de enfado, como quien acaba de verse preso

en una red armada por sus propias palabras, e intentó, sin convicción, una evasiva, Mira,

hijo mío, el futuro es enorme, el futuro sería muy largo de contar, Cuánto tiempo

llevamos aquí en el mar, envueltos en la niebla, preguntó Jesús, un día, un mes, un año,

pues bien continuemos otro año, otro mes, otro día, el Diablo que se vaya si quiere, ya

tiene garantizada su parte, y si los beneficios fueran proporcionales, como parece justo,

cuanto más crezca Dios, más crecerá el Diablo, Me quedo, dijo Pastor, era su primera

palabra desde que se había anunciado, Me quedo, repitió, y luego, También yo puedo ver

algunas cosas del futuro, pero lo que no siempre consigo es distinguir si es verdad o

mentira lo que creo ver, es decir, veo mis mentiras como lo que son, verdades mías, pero

nunca sé hasta qué punto las verdades de los otros son mentiras suyas. La laberíntica

tirada exigía, para quedar perfectamente rematada, que Pastor dijera qué cosas del futuro

veía, pero se calló bruscamente, como quien acaba de darse cuenta de que ya ha hablado

demasiado. Jesús, que no perdía de vista a Dios, dijo, con una especie de ironía triste,

Para qué fingir que no sabes lo que sabes, sabías que yo te pediría esto, sabes que me

dirás lo que yo quiero saber, así que no retrases más mi tiempo de empezar a morir,

Empezaste a morir desde que naciste, Así es, pero ahora iré más deprisa. Dios miró a

Jesús con una expresión que, en persona, diríamos que fue de súbito respeto, como si

sus modos y todo su ser se humanizasen y, aunque parezca que esto no tiene nada que

ver con aquello, porque nunca conoceremos nosotros las vinculaciones profundas que

existen entre todas las cosas y los actos, la niebla avanzó hacia la barca, la rodeó como

una muralla cerrada y espesa, para que no salieran y se divulgasen en el mundo las

palabras de Dios sobre los efectos, resultados y consecuencias del sacrificio de este

Jesús, hijo que dice suyo y de María, pero cuyo padre verdadero es José, según ley no

escrita que manda creer sólo en lo que se ve, aunque, ya se sabe, no veamos siempre,

nosotros, hombres, las mismas cosas de la misma manera, lo que, por otra parte, ha

resultado excelente para la supervivencia y relativa salud mental de la especie.

Dijo Dios, Habrá una iglesia, que, como sabes, quiere decir asamblea, una sociedad

religiosa que tú fundarás, o que en tu nombre será fundada, lo que es más o menos lo

mismo si nos atenemos a lo que importa, y esa iglesia se extenderá por el mundo hasta

confines que hoy todavía son desconocidos, y se llamará católica porque será universal, lo

que, desgraciadamente, no evitará desavenencias y disensiones entre los que te tendrán

como referente espiritual, más, como ya te dije, a ti que a mí mismo, pero eso será

durante algún tiempo, sólo unos miles de años, porque yo ya era antes de que tú fueses y

seguiré siéndolo cuando tú dejes de ser lo que eres y lo que serás, Habla claro, le

interrumpió Jesús, No es posible, dijo Dios, las palabras de los hombres son como

sombras y las sombras nunca sabrían explicar la luz, entre ellas y la luz está,

interponiéndose, el cuerpo opaco que las hace nacer, Te he preguntado por el futuro, Y

del futuro te estoy hablando, Lo que quiero que me digas es cómo vivirán los hombres que

vengan después de mí, Te refieres a los que te sigan, Sí, si serán más felices, Más felices,

lo que se dice felices, no diría yo tanto, pero tendrán la esperanza de una felicidad allá en

el cielo donde yo vivo eternamente, o sea, tendrán la espeanza de vivir eternamente

conmigo, Nada más, Te parece poco, vivir con Dios, Poco, mucho o todo, sólo se sabrá

después del juicio final, cuando juzgues a los hombres por el bien y por el mal que hayan

hecho, pero entre tanto vivirás solo en el cielo, Tengo a mis ángeles y a mis arcángeles, Te

faltan los hombres, Sí, me faltan, y para que ellos vengan a mí, tú serás crucificado,

Quiero saber más, dijo Jesús casi con violencia, como si quisiera alejar la imagen qe de sí

mismo se le representaba, colgado de una cruz, ensangrentado, muerto, Quiero saber

cómo llegarán las personas a creer en mí y a seguirme, no me digas que será suficiente lo

que yo les diga, no me digas que bastará lo que en mi nombre digan después de mí los

que en mí ya creían, te doy un ejemplo, los gentiles y los romanos, que tienen otros

dioses, quieres tú decir que, sin más ni más, los cambiarán por mí, Por ti no, por mí, Por

ti o por mí, tú mismo dices que es lo mismo, no juguemos con las palabras, responde a mi

pregunta, Quien tenga fe, vendrá a nosotros, Así, sin más, tan simplemente como lo

acabas de decir, Los otros dioses resistirán, Y tú lucharás contra ellos, qué disparate,

todo cuanto acontece, acontece en la tierra, el cielo es eterno y pacífico, el destino de los

hombres lo cumplen los hombres donde estén, Diciendo las cosas claramente, aunque las

palabras sean sombras, van a morir hombres por ti y por mí, Los hombres siempre

morirán por los dioses, hasta por falsos y mentirosos dioses, Pueden los dioses mentir,

Pueden, Y tú, entre todos, eres el único verdadero, {único y verdadero, sí, Y siendo

verdadero y único, ni siquiera así puedes evitar que los hombres mueran por ti, ellos que

debían haber nacido para vivir para ti, en la tierra, quiero decir, no en el cielo, donde no

tendrás para darles ninguna de las alegrías de la vida, Alegrías falsas, también ellas,

porque nacieron con el pecado original, pregúntale a tu Pastor, él te explicará cómo fue,

Si hay entre tú y el Diablo secretos no compartidos, espero que uno de ellos sea el que yo

aprendí con él, aunque él diga que no aprendí nada. Hubo un silencio, Dios y el Diablo se

miraron de frente por primera vez, ambos dieron la impresión de ir a hablar, pero nada

ocurrió. Dijo Jesús, Estoy a la espera, De qué, preguntó Dios, como si estuviera distraído,

De que me digas cuánto de muerte y sufrimiento va a costar tu victoria sobre los otros

dioses, con cuánto de sufrimiento y de muerte se pagarán las luchas que en tu nombre y

en el mío sostendrán unos contra otros los hombres que en nosotros van a creer, Insistes

en querer saberlo, Insisto, Pues bien, se edificará la asamblea de que te he hablado, pero

sus cimientos, para quedar bien firmes, tendrán que ser excavados en la carne, y estar

compuestos de un cemento de renuncias, lágrimas, dolores, torturas, de todas las

muertes imaginables hoy y otras que sólo en el futuro serán conocidas, Al fin estás siendo

claro y directo, sigue, Para empezar por alguien a quien conoces y amas, el pescador

Simón, a quien llamarás Pedro, será, como tú, crucificado, pero cabeza abajo, y

crucificado será también Andrés, pero en una cruz en forma de aspa, y al hijo de Zebedeo,

a ese que llaman Tiago, lo degollarán, Y Juan y María de Magdala, Esos morirán de su

muerte natural, cuando se acaben sus días naturales, pero otros amigos tendrás,

discípulos y apóstoles como los otros, que no escaparán del suplicio, es el caso de un

Felipe, amarrado a la cruz y apedreado hasta que acaben con su vida, un Bartolomé, que

será desollado vivo, un Tomás, a quien matarán de una lanzada, un Mateo, que ahora no

recuerdo cómo morirá, otro Simón, serrado con el medio, un Judas, a mazazos, otro

Tiago, lapidado, un Matías, degollado con hacha de guerra, y también Judas de Iscariote,

pero de ese tú acabarás sabiendo más que yo, salvo la muerte, con sus propias manos

ahorcado en ua higuera, Todos esos tendrán que morir por ti, preguntó Jesús, Si planteas

la cuestión en esos términos, sí, todos morirán por mí, Y después, Después, hijo mío, ya

te lo he dicho, será una historia interminable de hierro y sangre, de fuego y de cenizas, un

mar infinito de sufrimientos y de lágrimas, Cuenta, quiero saberlo todo.

Dios suspiró y, en el tono monocorde de quien ha preferido adormecer la piedad y la

misericordia, comenzó la letanía, por orden alfabético, para evitar problemas de

precedencias, Adalberto de Praga, muerto con una alabarda de siete puntas, Adriano,

muerto a martillazos sobre un yunque, Afra de Ausburgo, muerta en la hoguera, Agapito

de Preneste, muerto en la hoguera, colgado por los pies, Agrícola de Bolonia, muerto

crucificado y atravesado por clavos, {águeda de Sicilia, muerta con los senos cortados,

Alfegio de Cantuaria, muerto de una paliza, Anastasio de Salona, muerto en la horca y

decapitado, Anastasia de Sirmio, muerta en la hoguera y con los senos cortados, Ansano

de Sena, a quien arrancaron las vísceras, Antonino de Pamiers, descuartizado, Antonio de

Rívoli, muerto a pedradas y quemado, Apolinar de Rávena, muerto a mazazos, Apolonia

de Alejandría, muerta en la hoguera después de arrancarle los dientes, Augusta de

Treviso, decapitada y quemada, Aura de Ostia, muerta ahogada con una rueda de molino

al cuello, {áurea de Siria, muerta desangrada, sentada en una silla forrada de clavos,

Auta, muerta a flechazos, Babilas de Antioquía, decapitado, Bárbara de Nicomedia,

decapitada, Bernabé de Chipre, muerto por lapidación y quemado, Beatriz de Roma,

estrangulada, Benigno de Dijon, muerto a lanzazos, Blandina de Lyon, muerta a cornadas

de un toro bravo, Blas de Sebaste, muerto por cardas de hierro, Calixto, muerto con una

rueda atada al cuello, Casiano de {ímola, muerto por sus alumnos con un estilete,

Cástulo, enterrado en vida, Catalina de Alejandría, decapitada, Cecilia de Roma,

degollada, Cipriano de Cartago, decapitado, Ciro de Tarso, muerto, niño aún, por un juez

que le golpeó la cabeza en las escaleras del tribunal, Claro de Nantes, decapitado, Claro

de Viena, decapitdo, Clemente, ahogado con un ancla al cuello, Crispín y Crispiniano de

Soissons, decapitados, Cristina de Bolsano, muerta por todo cuanto se pueda hacer con

muela de molino, rueda, tenazas, flechas y serpientes, Cucufate de Barcelona,

despanzurrado, y al llegar al final de la letra C, Dios dijo, Más adelante es todo igual, o

casi, son ya pocas las variaciones posibles, excepto las de detalle, que, por su

refinamiento, serían muy largas de explicar, quedémonos aquí, Continúa, dijo Jesús, y

Dios continuó, abreviando en lo posible, Donato de Arezzo, decapitado, Elifio de

Rampillon, le cortarán la cubierta craneana, Emérita, quemada, Emilio de Trevi,

decapitado, Esmerano de Ratisbona, amarrado a una escalera y muerto, Engracia de

Zaragoza, decapitada, Erasmo de Gaeta, también llamado Telmo, descoyuntado por un

cabrestante, Escubíbulo, decapitado, Esquilo de Suecia, lapidado, Esteban, lapidado,

Eufemia de Calcedonia, le clavarán una espada, Eulalia de Mérida, decapitada, Eutropio

de Saintes, cabeza cortada de un hachazo, Fabián, espada y cardas de hierro, Fe de Agen,

degollada, Felicidad y sus Siete Hijos, cabezas cortadas a espada, Félix y su hermano

Adauto, ídem, Ferreolo de Besancon, decapitado, Fiel de Sigmaringen, con una maza

erizada de púas, Filomena, flechas y áncora, Fermín de Pamplona, decapitado, Flavia

Domitila, ídem, Fortunato de {évora, tal vez ídem, Fructuoso de Tarragona, quemado,

Gaudencio de Francia, decapitado, Gelasio, ídem más cardas de hierro, Gengulfo de

Borgoña, cuernos, asesinado por el amante de su mujer, Gerardo de Budapest, lanza,

Gedeón de Colonia, decapitado, Gervasio y Protasio, gemelos, ídem, Godeliva de

Ghistelles, estrangulada, Goretti, María, ídem, Grato de Aosta, decapitado, Hermenegildo,

hacha, Hierón, espada, Hipólito, arrastrado por un caballo, Ignacio de Azevedo, muerto

por los calvinistas, estos no son católicos, Inés de Roma, desventrada, Genaro de Nápoles,

decapitado tras lanzarlo a las fieras y meterlo en un horno, Juana de Arco, quemada viva,

Juan de Brito, degollado, Juan Fisher, decapitado, Juan Nepomuceno, de Praga, ahogado,

Juan de Prado, apuñalado en la cabeza, Julia de Córcega, le cortarán los senos y luego la

crucificarán, Juliana de Nicomedia, decapitada, Justa y Rufina de Sevilla, una en la

rueda, otra estrangulada, Justina de Antioquía, quemada con pez hirviendo y decapitada,

Justo y Pastor, pero no éste aquí presente, de Alcalá de Henares, decapitados, Killian de

Würzburg, decapitado, Léger de Autun, ídem, después de arrancarle los ojos y la lengua,

Leocadia de Toledo, despeñada, Lievin de Gante, le arrancarán la lengua y lo decapitarán,

Longinos, decapitado, Lorenzo, quemado en la parrilla, Ludmila de Praga, estrangulada,

Lucía de Siracusa, degollada tras arrancarle los ojos, Magín de Tarragona, decapitado con

una hoz de filo de sierra, Mamed de Capadocia, destripado, Manuel, Sabel e Ismael,

Manuel con un clavo de hierro a cada lado del pecho, y otro clavo atravesándole la cabeza

de oído a oído, todos degollados, Margarita de Antioquía, hachón y peine de hierro, Mario

de Persia, espada, amputación de las manos, Martina de Roma, decapitada, los mártires

de Marruecos, Berardo de Cobio, Pedro de Gemianino, Otón, Adjuto y Acursio, degollados,

los del Japón, veintiséis crucificados, lanceados y quemados, Mauricio de Agaune,

espada, Meinrad de Einsiedeln, maza, Menas de Alejandría, espada, Mercurio de

Capadocia, decapitado, Moro, Tomás, ídem, Nicasio de Reims, ídem, Odilia de Huy,

flechas, Pafnucio, crucificado, Payo, descuartizado, Pancracio, decapitado, Pantaleón de

Nicomedia, ídem, Patroclo de Troyes y de Soest, ídem, Paulo de Tarso, a quien deberás tu

primera iglesia, ídem, Pedro de Rates, espada, Pedro de Verona, cuchillo en la cabeza y

puñal en el pecho, Perpetua y Felicidad de Cartago, Felicidad era la esclava de Perpetua,

corneadas por una vaca furiosa, Pia de Tournai, le cortarán el cráneo, Policarpo,

apuñalado y quemado, Prisca de Roma, comida por los leones, Proceso y Martiniano, la

misma muerte, creo, Quintino, clavos en la cabeza y en otras partes, Quirino de Ruan,

cráneo serrado por arriba, Quiteria de Coimbra, decapitada por su propio padre, un

horror, Renaud de Dormund, maza de cantero, Reine de Alise, gladio, Restituta de

Nápoles, hoguera, Rolando, espada, Román de Antioquía, lengua arrancada,

estrangulamiento, aún no estás harto, preguntó Dios a Jesús, y Jesús respondió, Esa

pregunta deberías hacértela a ti mismo, continúa, y Dios continuó, Sabiniano de Sens,

degollado, Sabino de Asís, lapidado, Saturnino de Tolosa, arrastrado por un toro,

Sebastián, flechas, Segismundo, rey de los Burgundios, lanzado a un pozo, Segundo de

Asti, decapitado, Servacio de Tongres y de Maastricht, muerto a golpes con un zueco, por

imposible que parezca, Severo de Barcelona, un clavo en la cabeza, Sidwel de Exeter,

decapitado, Sinforiano de Autun, ídem, Sixto, ídem, Tarsicio, lapidado, Tecla de Iconio,

amputada y quemada, Teodoro, hoguera, Tiburcio, decapitado, Timoteo de {éfeso,

lapidado, Tirso, serrado, Tomás Becket, con una espada clavada en el cráneo, Torcuato y

los Veintisiete, muertos por el general Muza a las puertas de Guimaräes, Tropez de Pisa,

decapitado, Urbano, ídem, Valeria de Limoges, ídem, Valeriano, ídem, Venancio de

Camerino, degollado, Vicente de Zaragoza, rueda y parrilla con púas, Virgilio de Trento,

otro muerto a golpes de zueco, Vital de Rávena, lanza, Víctor, decapitado, Víctor de

Marsella, degollado, Victoria de Roma, muerta después de arrancarle la lengua,

Wilgeforte, o Liberata, o Eutropía, virgen, barbada, crucificada, y otros, otros, otros, ídem,

ídem, ídem, basta. No basta, dijo Jesús, a qué otros te refieres, Crees que es realmente

indispensable, Sí, lo creo, Me refiero a aquellos que no habiendo sido martirizados y

muriendo de su muerte propia sufrieron el martirio de las tentaciones de la carne, del

mundo y del demonio, y que para vencerlas tuvieron que mortificar el cuerpo con el

ayuno y la oración, hay incluso un caso interesante, el de un tal John Schorn, que pasó

tanto tiempo arrodillado rezando, que acabó criando callo. Dónde, En las rodillas,

evidentemente, y también se dice, esto ahora va contigo, que encerró al diablo en una

bota, ja, ja, ja, Yo, en una bota, dudó Pastor, eso son leyendas, para poder encerrarme en

una bota tendría que tener la bota el tamaño del mundo, e incluso así, me gustaría ver

quién habría por ahí capaz de calzársela y descalzársela después, Sólo con el ayuno y la

oración, preguntó Jesús, y Dios respondió, También ofenderán al cuerpo con dolor y

sangre y porquerías, y otras muchas penitencias, usando cilicios y practicando

flagelaciones, habrá incluso quien se pase la vida entera sin lavarse, o casi, y habrá quien

se lance en medio de las zarzas o se revuelque en la nieve, para domar las intemperancias

de la carne suscitadas por el Diablo, a quien estas tentaciones se deben, que su objetivo

es desviar a las almas del recto camino que las llevaría al cielo, mujeres desnudas y

monstruos pavorosos, criaturas de la aberración, la lujuria y el miedo, son las armas con

las que el Demonio atormenta las pobres vidas de los hombres, Todo esto harás, preguntó

Jesús a Pastor, Más o menos, respondió él, me he limitado a tomar como mío todo aquello

que Dios no quiso, la carne, con sus alegrías y sus tristezas, la juventud y la vejez, la

lozanía y la podredumbre, pero no es verdad que el miedo sea mi arma, no recuerdo

haber sido yo quien inventó el pecado y su castigo y el miedo que en ellos siempre hay,

Cállate, interrumpió Dios, impaciente, el pecado y el Diablo son dos nombres de una

misma cosa, Qué cosa, preguntó Jesús, La ausencia de mí, Y la ausencia de ti, a qué se

debe, a haberte retirado tú, o a que se hayan retirado de ti, yo no me retiro nunca, Pero

consientes que te dejen, Quien me deja me busca, Y si no te encuentra, la culpa, ya se

sabe, es del Diablo, No, de eso no tiene él la culpa, la culpa la tengo yo, que no logro

llegar al lugar donde me buscan, estas palabras las pronunció Dios con una punzante e

inesperada tristeza, como si de repente hubiera descubierto límites a su poder. Jesús dijo,

Continúa, Otros hay, siguió Dios, reanudando lentamente la conversación, que se retiran

a descampados agrestes y hacen, en grutas y cavernas, en compañía de animales, vida

solitaria, otros que se dejan emparedar, otros que suben a altas columnas y allí viven

años y años seguidos, otros, la voz menguó, fue decayendo, Dios contemplaba ahora un

desfile interminable de gente, millares y millares, millares de millares de hombres y

mujeres, en todo el orbe, entrando en conventos y monasterios, algunos son

construcciones rústicas, muchos, palacios soberbios, allí permanecerán para servirnos, a

mí y a ti, de la mañana a la noche, con vigilias y oraciones, y teniendo todos ellos el

mismo propósito y el mismo destino, para adorarnos y morir con nuestros nombres en la

boca, usarán nombres distintos, serán benedictinos, bernardos, cartujos, agustinos,

gilbertinos, trinitarios, franciscanos, dominicos, capuchinos, carmelitas, jesuitas, y serán

muchos, muchos, muchos, ah, cómo me gustaría poder exclamar, Dios mío, por qué son

tantos. En ese momento, dijo el Diablo a Jesús, Observa cómo, según lo que acaba de

decirnos, hay dos maneras de perder la vida, una por el martirio, otra por la renuncia, no

les bastaba tener que morir cuando llegara su hora, era necesario además que, de una

manera o de otra, corrieran a su encuentro, crucificados, destripados, descuartizados,

estrangulados, desollados, alanceados, corneados, enterrados, serrados, asaeteados,

amputados, desgarrados, o si no, dentro y fuera de celdas, capítulos y claustros,

castigándose por haber nacido con el cuerpo que Dios les dio y sin el cual no tendrían

donde poner el alma, tales tormentos no los inventó este Diablo que te habla. Es todo,

preguntó Jesús a Dios, No, aún faltan las guerras, también habrá guerras, Y matanzas,

De matanzas estoy informado, podía incluso haber muerto en una de ellas, bien mirado

fue una pena, no tendría ahora a mi espera una cruz. Llevé a tu otro padre al lugar donde

era preciso que estuviera para poder oír lo que yo quise que los soldados dijesen, en fin,

te salvé la vida, Me salvaste la vida para hacerme morir cuando te parezca y convenga, es

como si me mataras dos veces, Los fines justifican los medios, hijo mío, Por lo que llevo

oído de tu boca desde que aquí estamos, creo que sí, renuncia, clausura, sufrimientos,

muerte, y ahora guerras y matanzas, qué guerras son esas, Muchas, un nunca acabar,

pero sobre todo las que se harán contra ti y contra mí en nombre de un dios que todavía

está por aparecer, Cómo es posible que esté por aparecer un dios, un dios, si realmente lo

es, sólo puede existir desde siempre y para siempre, Reconozco que cuesta entenderlo, y

no menos explicarlo, pero va a suceder como te estoy diciendo, un dios vendrá y lanzará

contra nosotros, y los que entonces nos sigan, pueblos enteros, yo no tengo palabras

bastantes para contarte todas las mortandades, las carnicerías, las matanzas, imagina mi

altar de Jerusalén multiplicado por mil, pon hombres en lugar de los animales, y ni

siquiera así entenderás por entero lo que fueron las cruzadas, Cruzadas, qué es eso, y por

qué dices que fueron si aún están por ser, Recuerda que yo soy el tiempo, y que en

consecuencia, para mí, todo lo que ocurrirá ha ocurrido ya, todo cuanto aconteció, está

aconteciendo todos los días, Cuéntame eso de las cruzadas, Bueno, hijo mío, estos

lugares donde ahora estamos, incluyendo Jerusalén y otras tierras hacia el norte y

occidente, serán conquistadas por los seguidores de ese dios tardío del que te he hablado,

y los nuestros, los que están de nuestro lado, harán todo por expulsarlos de los lugares

que tú con tus pies pisaste y que yo con tanta asiduidad frecuenté, Para expulsar a los

romanos, hoy, no has hecho mucho, Te estoy hablando del futuro, no me distraigas,

Sigue, entonces, Añade que tú naciste aquí, aquí viviste y aquí moriste, Por ahora, todavía

no he muerto, Para el caso es igual, acabo de explicarte que, desde mi punto de vista, lo

mismo es acontecer que haber acontecido y, por favor, no me estés interrumpiendo

siempre si no quieres que me calle de una vez por todas, Me callaré yo, Pues bien, estas

tierras a las que en el futuro llamarán Santos Lugares, por el hecho de haber nacido,

vivido y muerto tú aquí, no sería bueno que estvieran en manos de infieles, siendo la

cuna de la religión que voy a fundar, motivo, como ves, más que suficiente para justificar

que, durante unos doscientos años, grandes ejércitos vengan de occidente e intenten

conquistar y conservar para nuestra religión la cueva donde naciste y el monte donde

morirás, por hablar sólo de los lugares principales, Esos ejércitos son las cruzadas, Así

es, Y conquistaron lo que querían, No, pero mataron a mucha gente, Y los de las

cruzadas, Murieron otros tantos, incluso más, Y todo eso, en nuestro nombre, Irán a la

guerra gritando Dios lo quiere, Y morirán gritando Dios lo quiso, Sería una bonita manera

de acabar, Una vez más, no valió la pena el sacrificio, El alma, hijo mío, para salvarse,

necesita el sacrificio del cuerpo, Con esas u otras palabras, ya lo había oído antes, y tú,

Pastor, qué nos dices de estos futuros y asombrosos casos, Digo que nadie que esté en su

perfecto juicio podrá afirmar que el Diablo fue, es o será culpable de tal matanza y de

tantos cementerios, salvo si a algún malvado se le viene a la cabeza la ocurrencia

calumniosa de atribuirme la responsabilidad de hacer nacer al dios que será enemigo de

éste, Me parece claro y obvio que no tienes la culpa, y en cuanto al temor de que te

atribuyan la responsabilidad, responderás que el Diablo, siendo mentira, nunca podría

crear la verdad que Dios es, Pero entonces, preguntó Pastor, quién va a crear al Dios

enemigo. Jesús no sabía responder, Dios, si callado estaba, callado quedó, pero de la

niebla bajó una voz que dijo, tal vez este Dios y el que ha de venir no sean más que

heterónimos, De quién, de qué, preguntó, curiosa otra voz, de Pessoa (Juego de palabras,

“pessoa” en portugués significa "persona".

[N. del E.]), fue lo que se oyó, pero también podría haber sido, De la Persona. Jesús, Dios

y el Diablo hicieron como quien no ha oído, pero luego se miraron asustados, el miedo

común es así, une fácilmente las diferencias.

Pasó un tiempo, la niebla no volvió a hablar, y Jesús preguntó, ahora en el tono de quien

espera una respuesta afirmativa , Nada más, Dios vaciló, y luego, en tono fatigado, dijo:

—Todavía está la Inquisición, pero de ella, si no te importa hablaremos en otra ocasión,

Qué es la Inquisición, La Inquisición es otra historia interminable, Quiero conocerla, Sería

mejor que no, Insisto, Vas a sufrir en tu vida de hoy remordimientos que son del futuro,

tú no, Dios es Dios, no tiene remordimientos, Pues yo, si ya llevo esta carga de tener que

morir por ti, también puedo aguantar remordimientos que deberían ser tuyos, Preferiría

ahorrártelos, De hecho, no vienes haciendo otra cosa desde que nací, Eres un ingrato,

como todos los hijos, Dejémonos de fingimientos y dime qué va a ser la Inquisición, La

Inquisición, también llamada Tribunal del Santo Oficio, es el mal necesario, el

instrumento cruelísimo con el que atajaremos la infección que un día, durante largo

tiempo, se instalará en el cuerpo de tu Iglesia por vía de las nefandas herejías en general

y de sus derivados y consecuentes menores, a las que se suman unas cuantas

perversiones de lo físico y de lo moral, lo que, todo junto y puesto en el mismo saco de

horrores, sin preocupaciones de prioridad y orden, incluirá a luteranos y a calvinistas, a

molinistas y judaizantes, a sodomitas y a hechiceros, manchas algunas que serán del

futuro, y otras de todos los tiempos, Y siendo la necesidad que dices, cómo procederá la

Inquisición para reducir estos males, La Inquisición es una policía y un tribunal, por eso

tendrá que aprehender, juzgar y condenar como hacen los tribunales y las policías,

Condenar a qué, A la cárcel, al destierro, a la hoguera, A la hoguera, dices, Sí, van a

morir quemados, en el futuro, millares y millares y millares de hombres y de mujeres, De

algunos ya me has hablado antes, Esos fueron arrojados a la hogera por creer en ti, los

otros lo serán por dudar, No está permitido dudar de mí, No, Pero nosotros podemos

dudar de que el Júpiter de los romanos sea dios, El único Dios soy yo, yo soy el Señor y

tú eres mi Hijo, Morirán miles, Cientos de miles, Morirán cientos de miles de hombres y

mujeres, la tierra se llenará de gritos de dolor, de aullidos y de estertores de agonía, el

humo de los quemados cubrirá el sol, su grasa rechinará sobre las brasas, el hedor

repugnará y todo esto será por mi culpa, No por tu culpa, por tu causa, Padre, aparta de

mí ese cáliz, el que tú lo bebas es condición de mi poder y de tu gloria, No quiero esa

gloria, Pero yo quiero ese poder. La niebla se alejó hacia donde antes estaba, se veía agua

alrededor del barco, lisa y opaca, sin una arruga de viento o una agitación de brisa.

Entonces el Diablo dijo, Es necesario ser Dios para que le guste tanto la sangre.

La niebla volvió a avanzar, algo tenía que ocurrir aún, otra revelación, otro dolor, otro

remordimiento. Pero fue Pastor quien habló, Tengo una propuesta para ti, dijo

dirigiéndose a Dios, y Dios, sorprendido, Una propuesta, tú, y qué propuesta es esa, el

tono era irónico, superior, capaz de reducir al silencio a cualquiera que no fuera el Diablo,

conocido y familiar de largo tiempo. Pastor estuvo un momento callado, como si buscara

las mejores palabras, y luego dijo, He oído con gran atención todo cuanto se ha dicho en

esta barca y, aunque por mi cuenta ya había vislumbrado unos resplandores y unas

sombras en el futuro, no creí que los resplandores fueran hogueras y las sombras de

tanta gente muerta, Y eso te molesta, No debía molestarme, dado que soy el Diablo, y el

Diablo siempre en algo se aprovecha de la muerte, incluso más que tú, pues no necesita

demostración el hecho de que el infierno estará siempre más poblado que el cielo,

Entonces, de qué te quejas, No me quejo, propongo, Pues propón más rápido, que no

puedo quedarme aquí eternamente, tú sabes, nadie mejor que tú lo sabe, que el Diablo

también tiene corazón, Sí, pero haces mal uso de él, Quiero hacer hoy buen uso del

corazón que tengo, acepto y quiero que tu poder se amplíe a todos los extremos de la

tierra, sin que tenga que morir tanta gente, y puesto que de todo aquello que te

desobedece y niega dices tú que es fruto del Mal que yo soy y gobierno en el mundo, mi

propuesta es que vuelvas a recibirme en tu cielo, perdonado de los males pasados por los

que en el futuro no tendré que cometer, que aceptes y guardes mi obediencia, como en los

tiempos felices en que fui uno de tus ángeles predilectos, Lucifer me llamabas, el que lleva

la luz, antes de que una ambición de ser igual a ti me devorase el alma y me hiciera

rebelarme contra tu autoridad, Y por qué voy a recibirte y perdonarte, dime, Porque si lo

haces, si usas conmigo, ahora, de aquel mismo perdón que en el futuro prometerás tan

fácilmente a derecha e izquierda, entonces se acaba aquí hoy el Mal, tu hijo no tendrá que

morir, y tu reino será, no sólo esta tierra de hebreos, sino el mundo entero, conocido y

por conocer, y, más que el mundo, el universo, por todas partes el Bien gobernará y yo

cantaré, en la última y humilde fila de los ángeles que permanecieron fieles, más fiel que

todos porque estoy arrepentido, yo cantaré tus loores, todo terminará como si no hubiese

sido, todo empezará a ser como si de esa manera debiera ser siempre, No se puede negar

que tienes talento para confundir a las almas y perderlas, eso ya lo sabía yo, pero nunca

te había oído un discurso como éste, un talento oratorio, una labia, no hay duda,

estuviste a punto de convencerme, No me aceptas, no me perdonas, No te acepto, no te

perdono, te quiero como eres y, de ser posible, todavía peor de lo que eres ahora, Por qué,

Porque este Bien que yo soy no existiría sin ese Mal que tú eres, un Bien que tuviese que

existir sin ti sería inconcebible, hasta el punto de que ni yo puedo imaginarlo, en fin, que

si tú acabas, yo acabo, para que yo sea el Bien, es necesario que tú sigas siendo el Mal, si

el Diablo no vive como Diablo, Dios no vive como Dios, la muerte de uno sería la muerte

del otro, es tu última palabra, La primera y la última, la primera, porque es la primera vez

que la digo, la última porque no la repetiré. Pastor se encogió de hombros y habló con

Jesús, Que no se diga que el Diablo no tentó un día a Dios, y, levantándose, iba a pasar

una pierna por encima de la borda de la embarcación, cuando, de pronto, dejó el

movimiento en suspenso, y dijo, Tienes en tu alforja una cosa que me pertenece. Jesús no

recordaba haber traído la alforja a la barca, pero la verdad es que allí estaba, enrollada, a

sus pies, Qué cosa, preguntó, y, abriéndola, vio que dentro no había más que la vieja

escudilla negra que trajo de Nazaret, Esto, Eso, respondió el Diablo, y se la quitó de las

manos, Un día volverá a tu poder pero tú no llegarás a saber que la tienes. Guardó la

escudilla entre sus bastas ropas de pastor y entró en el agua. No miró a Dios, sólo dijo,

como si hablara con un auditorio de invisibles, Hasta siempre, ya que él lo ha querido así.

Jesús lo siguió con los ojos, Pastor se iba alejando poco a poco perdiéndose en la niebla,

no se le ocurrió preguntarle por qué capricho vino y se marchaba así, a nado, en la

distancia era de nuevo como un puerco con las orejas erguidas, se oían unos jadeos

bestiales, pero un oído fino no tendrá dificultad en percibir que había también allí un

sonido de miedo, no a ahogarse, qué idea, el Diablo, acabamos de enterarnos ahora

mismo, no acaba, sino de miedo de tener que existir para siempre. Ya Pastor se perdía en

la línea difusa de la niebla, cuando la voz de Dios sonó de repente, rápida, como de quien

está de partida, Mandaré a un hombre llamado Juan para que te ayude, pero tendrás que

convencerlo de que eres quien dirás ser. Jesús miró, pero Dios ya no estaba allí. En el

mismo instante, la niebla se levantó y se disipó en el aire dejando el mar limpio y liso de

una punta a otra, entre los montes y los montes, en el agua ni señal del Diablo, en el aire

ni señal de Dios.