miércoles, 26 de mayo de 2010

Lectura para 1'. Científicos extrapoladores y fementidos.

Tomado de Humanismo sin Credos


No se nos aparta de la cabeza el fementido uso que hace la Credulidad Jerárquica de aquellas personalidades que destacan en algún aspecto de la ciencia y que, compungidos, hincan sus rodillas pidiendo perdón por sus pecados y demandando el alimento espiritual que su ciencia no les aporta.



Los científicos de la naturaleza descubren que las bases mismas de la vida se expresan mediante leyes físicas y químicas y aplican la metodología adecuada para llegar a conocimientos válidos.



Eso está bien y de hecho así ha progresado la ciencia. Pero, curiosamente, cuando tratan con “ideas”, “pensamientos”, “sentimientos”... no proceden con el mismo rigor científico ni conceden valor a las explicaciones de la Psicología y otras ciencias no "tan" naturales. Recurren al arca de Noé de los “misterios insondables”.



Propugnan un alma inmortal y un Ser supremo para aliviar sus ansias, pero cuando la neurología les va acercando a la “sede de la conciencia” y el concepto “alma” deja de tener consistencia, tornan sus ojos a otros especímenes...



Ser científico, especialmente de las ciencias de la naturaleza, no significa tener patente de corso para guiar a nadie hacia creencias variopintas.



Añádase que hay quienes no muestran el más mínimo amor a la ciencia, pero sí a la estafa a través de la ciencia. En esto son verdaderos maestros los Testigos de Jeohová, aunque también lo fue Tihamer Toth.



Constatar que son irracionales determinadas reacciones emotivas ante sucesos que perturban, no da derecho a deducir, por vía racional, que tenga que haber un sostén para las mismas.



Sirva la ironía de Chesterton, anatematizando a determinados procientíficos crédulos de su época: del hecho de encontrar alimentos, objetos personales, etc. en las tumbas egipcias, se deduce que los muertos en aquella época comían; del hecho constatado de poner flores sobre las tumbas de los seres queridos, también se deduce que los muertos mantienen el olfato intacto.



No otra es la deducción que se puede hacer de vidas futuras, de inmortalidades sentidas y creídas... Como el hombre no quiere fenecer, allá que nos inventamos parafernalias para después de la muerte. ¡Y como hay mentes conspicuas que así lo creen, el vulgo camina "arrebañado" tras el carnero primero!



Si, además, hay sacerdotes detrás que lo afirman y que para hacerse obedecer agitan el zurriago de penas también eternas, razón de más para creerlo.

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