Inquietas, desasosegadas, las gentes de las aldeas miraban aquella niebla impenetrable
que se situaba donde el mar debía de estar y esperaban, sin saberlo, que el ruido de los
remos y del agua se interrumpiera de repente, para volver a entrar en casa y, con llaves,
trancas y candados, cerrar todas las puertas, aunque sepan que el menor soplo las
derribará, si aquel que está más allá es quien imaginan y para este lado decide soplar. La
espesa niebla se va abriendo para que Jesús pase, pero los ojos apenas llegan a la punta
de los remos y a la popa, con su travesaño simple sirviendo de banco. El resto es un
muro, primero de un gris descolorido y ceniciento, luego, a medida que la barca se
aproxima a su destino, una claridad difusa empieza a blanquear y dar brillo a la niebla,
que vibra como si buscase, sin conseguirlo, en el silencio, un sonido. En un círculo mayor
de luz, la barca se detiene, es el centro del mar de Galilea. Sentado en el banco de popa,
está Dios.
No es, como la primera vez, una nube, una columna de humo, que hoy, estando así el
tiempo, podrían haberse perdido o confundido en la niebla. Es un hombre alto y viejo, de
barbas fluviales derramadas sobre el pecho, la cabeza descubierta, el pelo suelto, la cara
ancha y fuerte, la boca espesa, que hablará sin que los labios parezcan moverse. Va
vestido como un judío rico, con túnica larga color magenta, un manto con mangas, azul,
orlado de oro, pero en los pies lleva unas sandalias gruesas, rústicas, de esas de las que
se dice que son para andar, lo que muestra que no debe ser persona de hábitos
sedentarios. Cuando se haya ido, nos preguntaremos, Cómo era el cabello, y no
recordaremos si blanco, negro o castaño, por la edad debía de ser blanco, pero hay a
quien las canas le vienen tarde, éste será tal vez el caso. Jesús metió los remos dentro de
la barca, como quien piensa que la conversación va a prolongarse, y dijo, simplemente,
Aquí estoy. Sin prisa, metódicamente, Dios compuso el vuelo del manto sobre las rodillas
y dijo también, Aquí estamos. Por el tono de voz, diríamos que había sonreído, pero la
boca no se movió, sólo el pelo del bigote y de la barba se estremeció, vibrando como una
campana. Dijo Jesús, He venido a saber quién soy y qué voy a tener que hacer de aquí en
adelante para cumplir, ante ti, mi parte del contrato.
Dijo Dios, Son dos cuestiones, vayamos por partes, por cuál quieres empezar, Por la
primera, quién soy yo, preguntó Jesús, No lo sabes, preguntó Dios a su vez, Creía saberlo,
creía que era hijo de mi padre, A qué padre te refieres, A mi padre, al carpintero José hijo
de Heli, o de Jacob, no sé bien, El que murió crucificado, No pensaba que hubiera otro,
Fue un trágico error de los romanos, ese padre murió inocente y sin culpa, Has dicho ese
padre, eso significa que hay otro, Me asombras, eres un chico experto, inteligente, En este
caso no me sirvió la inteligencia, lo oí de boca del Diablo, Andas con el Diablo, No ando
con el Diablo, fue él quien vino a mi encuentro, Y qué fue lo que oíste de boca del Diablo,
Que soy tu hijo. Dios hizo, acompasado, un gesto afirmativo con la cabeza, y dijo, Sí, eres
mi hijo, Cómo puede ser un hombre hijo de Dios, Si eres hijo de Dios, no eres un hombre,
Soy un hombre, vivo, como, duermo, amo como un hombre, luego soy un hombre y como
hombre moriré, En tu lugar, yo no estaría tan seguro de eso, Qué quieres decir, Esa es la
segunda cuestión, pero tenemos tiempo, qué le respondiste al Diablo que dijo que eras
hijo mío, Nada, me quedé a la espera del día en que te encontrase, y a él lo expulsé del
poseso al que andaba atormentando, se llamaba Legión y eran muchos, Dónde están
ahora, No lo sé, Dijiste que los expulsaste, Seguro que sabes mejor que yo que, cuando se
expulsan diablos de un cuerpo, no se sabe adónde van, Y por qué tengo que saber yo los
asuntos del Diablo, Siendo Dios, tienes que saberto todo, Hasta cierto punto, sólo hasta
cierto punto, Qué punto, El punto en que empieza a ser interesante hacer como que
ignoro, Al menos sabrás cómo y por qué soy tu hijo y para qué, Observo que estás mucho
más despabilado de espíritu, incluso te noto un poco impertinente, considerando la
situación, que cuando te vi por primera vez, Era un muchacho asustado, ahora soy un
hombre, No tienes miedo, No, Lo tendrás, tranquilo, el miedo llega siempre, hasta a un
hijo de Dios, Tienes otros, Otros, qué, Hijos, Sólo necesitaba uno, Y yo, cómo pude llegar
a ser tu hijo, No te lo ha dicho tu madre, Lo sabe acaso mi madre, Le envié un ángel para
que le explicara cómo ocurrieron las cosas, creí que te lo habría contado, Y cuándo estuvo
ese ángel con mi madre, déjame ver, si no me equivoco, fue después de que tú salieras de
casa por segunda vez y antes de hacer lo del vino en Caná, Entonces mi madre lo sabía y
no me lo dijo, le conté que te vi en el desierto y no lo creyó, pero después de aparecérsele
un ángel, tendría que haberlo creído, y no lo quiso reconocer ante mí, Deberías saber
cómo son las mujeres, vives con una, ya lo sé, tienen todas sus manías, sus escrúpulos,
Qué manías y qué escrúpulos, Yo mezclé mi simiente con la de tu padre antes de que
fueras concebido, era la manera más fácil, la que menos llamaba la atención, Y estando
las simientes mezcladas, cómo sabes que soy tu hijo, Es verdad que en estos asuntos, en
general, no es prudente mostrar seguridades y menos una seguridad absoluta, pero yo la
tengo, de algo me sirve ser Dios, Y por qué has querido tener un hijo, Como no tenía
ninguno en el cielo, tuve que buscármelo en la tierra, no es original, hasta en las
religiones con dioses y diosas que podían hacer hijos entre sí, se ha visto a veces que uno
bajaba a la tierra, para variar, supongo, y de camino mejorar un poco a una parte del
género humano con la creación de héroes y otros fenómenos, Y este hijo que soy, para
qué lo quisiste, Por gusto de variar no fue, excusado sería decirlo, Entonces por qué,
Porque necesitaba a alguien que me ayudara aquí en la tierra, Como Dios que eres, no
debías necesitar ayudas, Esa es la segunda cuestión.
En el silencio que siguió, empezó a oírse, desde dentro de la niebla, aunque sin dirección
precisa, un ruido como de alguien que viniera nadando y que, a juzgar por los jadeos que
soltaba, o no pertenecía a la corporación de los maestros nadadores, o estaba a punto de
llegar al límite de sus fuerzas. A Jesús le pareció notar que Dios sonreía y que prolongaba
adrede la pausa para dar tiempo a que el nadador se mostrara en el círculo limpio de
niebla del que la barca era centro. Surgió por estribor, inesperadamente, cuando se diría
que iba a llegar por el otro lado, una mancha oscura mal definida en la que, en el primer
momento, la imaginación de Jesús creyó ver un cerdo con las orejas verticales fuera del
agua, pero que, tras unas brazadas más, se vio que era un hombre o algo que hombre
parecía. Dios giró la cabeza hacia el nadador, no sólo con curiosidad, sino interesado,
como si quisiera incitarlo en este último esfuerzo, y tal gesto, quizá por venir de quien
venía, dio resultado inmediato, las brazadas finales fueron rápidas y armoniosas, ni
parecía que el recién llegado viniera de tan lejos, de la orilla, queremos decir. Las manos
se agarraron al borde de la barca mientras la cabeza estaba aún medio metida en el agua,
y eran unas manos anchas y pesadas, con uñas fuertes, las manos de un cuerpo que,
como el de Dios, debía de ser alto, grande y viejo. La barca osciló con el impulso, la
cabeza ascendió del agua, el tronco vino detrás chorreando cual catarata, las piernas
después, era leviatán surgiendo de las últmas profundidades, era, como se vio, tras todos
estos años, el pastor, que decía, Aquí estoy también yo, mientras se instalaba en el barco,
exactamente a media distancia entre Jesús y Dios, aunque, caso singular, la embarcación
esta vez no se inclinó hacia su lado, como si Pastor hubiera decidido aliviarse de su
propio peso o levitase mientras parecía que estaba sentado. Aquí estoy, repitió, espero
haber llegado a tiempo de participar en la conversación, Ya íbamos bastante avanzados,
pero aún no hemos entrado en lo esencial, dijo Dios, y dirigiéndose a Jesús, {éste es el
diablo, de quien hablábamos hace un momento. Jesús miró a uno, miró luego al otro y
vio que, salvo las barbas de Dios, eran como gemelos, cierto es que el Diablo parecía más
joven, menos arrugado, pero sería una ilusión de los ojos o un engaño por él inducido.
dijo Jesús, Sé quién es, viví cuatro años en su compañía, cuando se llamaba Pastor, y
Dios respondió, Con alguien tenías que vivir, conmigo no era posible, con tu familia no
querías, sólo quedaba el Diablo, Fue él quien me buscó o tú quien me enviaste a él, En
rigor, ni una cosa ni la otra, digamos que estuvimos de acuerdo en que esa era la mejor
solución para tu caso, Por eso él sabía lo que decía cuando, por boca del poseso, me llamó
hijo tuyo, Exactamente, Es decir, que fui engañado por los dos, Como siempre sucede a
los hombres, Dijiste que no soy un hombre, Y lo confirmo, podríamos decir que, cuál es la
palabra técnica, podríamos decir que te encarnaste, Y ahora, qué queréis de mí, Quien
algo quiere soy yo, no él, Estáis aquí los dos, bien vi que su aparición no fue una sorpresa
para ti, lo estabas esperando, No precisamente, aunque, en principio, hay que contar
siempre con el Diablo, Pero si la cuestión que tú y yo tenemos que tratar sólo tiene que
ver con nosotros, por qué ha venido éste, por qué no lo echas de aquí, Se puede despedir
a la pandilla de granujas que el Diablo tiene a su servicio, cuando estos granujas
empiezan a molestar con actos o con palabras, pero al Diablo propiamente dicho, no,
Luego esta conversación es también con él, Hijo mío, no olvides lo que voy a decirte, todo
cuanto interesa a Dios, interesa al Diablo. Pastor, a quien de vez en cuando llamaremos
así para no estar mencionando constantemente el nombre del enemigo, oyó el diálogo sin
dar muestras de atención, como si no se hablara de él, negando de este modo, en
apariencia, la última y fundamental afirmación de Dios. Pero pronto se vio que la
desatención no pasaba de ser un fingimiento, pues cuando dijo Jesús, Hablemos ahora de
la segunda cuestión, se mostró atentísimo. Sin embargo no salió de su boca ni una sola
palabra.
Respiró Dios profundamente, miró la niebla de alrededor y murmuró, en tono de quien
acaba de hacer un descubrimiento inesperado y curioso, No lo había pensado, esto es
como estar en el desierto. Volvió los ojos a Jesús, hizo una larga pausa, y luego, como
quien se resigna ante lo inevitable, comenzó, La insatisfacción, hijo mío, fue puesta en el
corazón de los hombres por el Dios que los creó, hablo de mí, claro, pero esa
insatisfacción, como todo lo demás que os hace a mi imagen y semejanza, la busqué
donde ella estaba, en mi propio corazón, y el tiempo que ha pasado desde entonces no la
ha hecho desvanecerse, al contrario, parece como si el tiempo la hubiera hecho más
fuerte, más urgente, de mayor exigencia. Dios hizo aquí una breve pausa como para
apreciar el efecto de la introducción, luego prosiguió, Desde hace cuatro mil y cuatro
años, soy dios de los judíos, gente de natural conflictiva y complicada, pero de la que,
haciendo balance de nuestras relaciones, no me quejo, una vez que me toman en serio y
así se mantendrán a lo largo de todo lo que puede alcanzar mi visión de futuro, Por tanto
estás satisfecho, dijo Jesús, Lo estoy y no lo estoy, o mejor dicho, lo estaría si no fuera
por este inquieto corazón mío que todos los días me dice Sí señor, bonito destino, después
de cuatro mil años de trabajo y preocupaciones, que los sacrificios en los altares, por
abundantes y variados que sean, jamás pagarán, sigues siendo el dios de un pueblo
pequeñísimo que vive en una parte diminuta del mundo que creaste con todo lo que tiene
encima, dime tú, hijo mío, si puedo vivir satisfecho teniendo ésta, por así llamarla,
vejatoria evidencia todos los días ante los ojos, Yo no he creado ningún mundo, no puedo
valorarla, dijo Jesús, Es verdad, no puedes valorarla, pero sí puedes ayudar, Ayudar a
qué, A ampliar mi influencia para ser dios de mucha más gente, No entiendo, Si cumples
bien tu papel, es decir, el papel que te he reservado en mi plan, estoy segurísimo de que
en poco más de media docena de siglos, aunque tengamos que luchar, yo y tú, con
muchas contrariedades, pasaré de dios de los hebreos a dios de los que llamaremos
católicos, a la griega. Y cuál es el papel que me has destinado en tu plan, El de mártir,
hijo mío, el de víctima, que es lo mejor que hay para difundir una creencia y enfervorizar
una fe. Las dos palabras, mártir, víctima, salieron de la boca de Dios como si la lengua
que dentro tenía fuese de leche y miel, pero un súbito hielo estremeció de horror los
miembros de Jesús, parecía que la niebla se hubiese cerrado sobre él, al mismo tiempo
que el Diablo lo miraba con expresión enigmática, mezcla de interés científico e
involuntaria piedad. Me dijiste que me darías poder y gloria, balbuceó Jesús, temblando
aún de frío, Y te los daré, te los daré, pero recuerda lo que acordamos en su día, lo
tendrás todo, pero después de la muerte, Y de qué me sirven poder y gloria si estoy
muerto, Bien, no estarás precisamente muerto, en el sentido absoluto de la palabra, pues
siendo tú mi hijo estarás conmigo, o en mí, aún no lo tengo decidido de manera definitiva,
En ese sentido que dices, qué es no estar muerto, Es, por ejemplo, ver, siempre, cómo te
veneran en templos y altares, hasta el punto, puedo adelantártelo ya, de que las personas
del futuro olvidarán un poco al Dios inicial que soy, pero eso no tiene importancia, lo
mucho puede ser compartido, lo poco no. Jesús miró a Pastor, lo vio sonreír, y
comprendió, Ahora entiendo por qué está aquí el Diablo, si tu autoridad se prolonga a
más gente y a más países, también se prolongará su poder sobre los hombres, pues tus
límites son sus límites, ni un paso más, ni un paso menos, Tienes toda la razón, hijo mío,
me alegro de tu perspicacia, y la prueba de eso la tienes en el hecho, en el que nunca se
repara, de que los demonios de una religión no pueden tener acción alguna en otra
religión, como un dios, imaginando que hubiera entrado en confrontación directa con otro
dios, no lo puede vencer ni por él ser vencido, Y mi muerte, cómo será, A un mártir le
conviene una muerte dolorosa, y si es posible infame, para que la actitud de los creyentes
se haga más fácilmentte sensible, apasionada, emotiva, No vengas con rodeos, dime cuál
va a ser mi muerte, Dolorosa, infame, en la cruz, Como mi padre, tu padre soy yo, no lo
olvides, Si puedo todavía elegir un padre, lo elijo a él, incluso habiendo sido él, como fue,
infame una hora de su vida, Has sido elegido, no puedes elegir, Rompo el contrato, me
desligo de ti, quiero vivir como un hombre cualquiera, Palabras inútiles, hijo mío, aún no
te has dado cuenta de que estás en mi poder y de que todos esos documentos sellados a
los que llamamos acuerdo, pacto, tratado, contrato, alianza, en los que figuro yo como
parte, podían llevar una sola cláusula, con menos gasto de tinta y papel, una que
prescribiese sin más florituras, Todo cuanto la ley de Dios quiera es obligatorio, las
excepciones también, ahora, hijo mío, siendo tú, de cierta y notable manera, una
excepción, acabas siendo tan obligatorio como es la ley, y yo que la hice, Pero, con el
poder que sólo tú tienes, sería mucho más fácil, y éticamente más limpio, que fueras tú
mismo a la conquista de esos países y de esa gente:
—No puede ser, lo impide el pacto que hay entre los dioses, ese sí, inamovible, de nunca
interferir directamente en los conflictos, me imaginas acaso en una plaza pública,
rodeado de gentiles y paganos, intentando convencerlos de que el dios de ellos es un
fraude y que el verdadero Dios soy yo, esas no son cosas que un dios le haga a otro,
aparte de que a ningún dios le gusta que le hagan en su casa aquello que sería incorrecto
que él hiciese en casa de los otros, Entonces os servís de los hombres, Sí, hijo mío, sí, el
hombre es, podríamos decir, palo para cualquier cuchara, desde que nace hasta que
muere está siempre dispuesto a obedecer, lo mandan para allá y él va, le dicen que se
pare y se para, le ordenan que vuelva atrás y él retrocede, el hombre, tanto en la paz
como en la guerra, hablando en términos generales, es lo mejor que le ha podido ocurrir a
los dioses, Y el palo de que yo fui hecho, siendo hombre, para qué cuchara servirá, siendo
tu hijo, Serás la cuchara que yo meteré en la humanidad para sacarla llena de hombres
que creerán en el dios nuevo en el que me convertiré, Llena de hombres para que los
devores, No es necesario que yo devore a quien a sí mismo se devorará.
Jesús hundió los remos en el agua, dijo, Adiós, me voy a casa, volveréis por el camino por
el que vinisteis, tú a nado, y tú que sin más ni más reapareciste, desaparece también sin
más ni más.
Ni Dios ni el Diablo se movieron de donde estaban, y Jesús añadió, irónico, Ah, preferís ir
en barca, pues mejor, sí señores, os llevaré hasta la orilla, para que todos puedan, al fin,
ver a Dios y al Diablo en sus figuras propias, y que vean lo bien que se entienden y lo
parecidos que son.
Jesús dio media vuelta a la barca, en dirección ahora a la orilla de donde había partido, y
con golpes de remo fuertes y acompasados, entró en la niebla, tan espesa que en el
mismo instante dejó de verse a Dios, y del Diablo ni señal.
Se sintió vivo y alegre, con un vigor fuera de lo común, desde donde estaba no podía ver
la proa del barco, pero la sentía levantarse a cada impulso de los remos como la cabeza
del caballo en la carrera, que en cada momento parece desligarse del pesado cuerpo, pero
tiene que resignarse a tirar de él hasta el fin. Jesús remó, remó, la orilla debía de estar ya
próxima, cuál va a ser, se pregunta, la actitud de las gentes cuando les diga, El de las
barbas es Dios, el otro es el diablo. Jesús echó una mirada hacia atrás, donde estaba la
costa, distiguió una claridad diferente y anunció, Ya estamos, y remó más. En cualquier
momento esperaba oír el blando deslizarse del fondo de la barca sobre el lodo espeso de la
margen, el roce alegre de las pequeñas piedras sueltas, pero la proa de la barca, que él no
veía, apuntaba hacia dentro del lago, y la luz percibida era la del brillante círculo mágico,
la de la trampa fulgurante de que Jesús había imaginado escapar. Exhausto, dejó caer la
cabeza sobre el pecho, cruzó los brazos sobre las rodillas, puso los puños uno sobre otro,
como si esperase que viniera alguien a atárselos, ni siquiera pensó en meter los remos
dentro de la barca, tan imperiosa y exclusiva era en él ahora la conciencia de la inutilidad
de cualquier gesto que hiciese.
No sería el primero en hablar, no reconocería en voz alta la derrota, no pediría perdón por
haber rechazado la voluntad y los decretos de Dios e, indirectamente, atentado contra los
intereses del Diablo, natural beneficiario de los efectos segundos, aunque no secundarios,
del uso de la voluntad y de la realización efectiva de los proyectos del Señor. El silencio,
después de la tentativa frustrada, fue breve, Dios, allá en su banco, tras haberse
compuesto el vuelo de la túnica y el manto con la falsa solemnidad ritual del juez que va a
emitir una sentencia, dijo, Volvamos a empezar, volvamos a empezar a partir del
momento en que te dije que estás en mi poder, porque todo lo que no sea una aceptación
tuya, humilde y pacífica, de esta verdad, es tiempo que no deberías perder ni obligarme a
perder a mí, Volvamos a empezar, dijo Jesús, pero toma nota de que me niego a hacer
milagros y, sin milagros tu proyecto no es nada, un aguacero caído del cielo que no
alcanza para matar ninguna sed verdadera, Tendrás razón si estuviese en tu mano el
poder de hacer o no hacer milagros, Y no es así, Qué idea, los milagros, tanto los
pequeños como los grandes, soy yo quien los hace siempre, en tu presencia, claro, para
que recibas los beneficios que me convienen, en el fondo eres un supersticioso, crees que
basta con que esté el milagrero a la cabecera de un enfermo para que el milagro
acontezca, pero queriéndolo yo, un hombre que estuviera muriéndose sin tener a nadie a
su lado, solo en la mayor soledad, sin médico, ni enfermera, ni pariente querido al
alcance de su mano o de su voz, queriéndolo yo, repito, ese hombre se salvaría y seguiría
viviendo, como si nada le hubiera ocurrido, Por qué no lo haces entonces, Porque él
imaginaría que la curación le había venido por gracia de sus méritos personales y se
pondría a decir cosas como ésta Una persona como yo no podía morir, ahora bien, ya hay
demasiada presunción en el mundo que he creado para que ahora permita que a tanto
puedan llegar los desconciertos de opinión, Es decir, todos los milagros son tuyos, Los
que hiciste y los que harás, e incluso admitiendo, aunque esto es una mera hipótesis útil
para clarificar la cuestión que aquí nos ha traído, admitiendo que llevaras adelante esa
obstinación contra mi voluntad, si fueses por el mundo, es un ejemplo, clamando que no
eres hijo de Dios, lo que yo haría sería suscitar a tu paso tantos y tan grandes milagros
que no tendrías más remedio que rendirte a quien te los estuviera agradeciendo y, en
consecuencia, a mí, Entonces, no tengo salida, Ninguna, y no hagas como el cordero
rebelde que no quiere ir al sacrificio, y se agita, gime hasta romper el corazón, pero su
destino está escrito, el sacrificador lo espera ya con el cuchillo, Yo soy ese cordero, Lo que
tú eres, hijo mío, es el cordero de Dios, aquel a quien el propio Dios lleva hasta su altar,
que es lo que estamos preparando aquí.
Jesús miró a Pastor como si de él esperase, no un auxilio, sino, siendo forzosamente
diferente el entendimiento que él tendrá de las cosas del mundo, pues hombre no es ni
fue, ni dios fue ni será, quizá una mirada, un leve movimiento de cejas que pudiera
sugerirle al menos una respuesta hábil, dilatoria, que lo liberase, aunque sólo fuera por
un tiempo, de la situación de animal acorralado en la que se encuentra. Pero lo que Jesús
lee en los ojos de Pastor son las palabras que le dijo cuando lo expulsó de la guarda del
rebaño, No has aprendido nada, vete, ahora comprende Jesús que desobedecer a Dios
una vez no basta, aquel que no le sacrificó el cordero, no debe sacrificarle la oveja, que a
Dios, no se le puede decir Sí para después decirle No, como si el Sí y el No fuesen mano
izquierda y mano derecha, es bueno sólo el trabajo que las dos hiciesen. Dios, pese a sus
habituales exhibiciones de fuerza, él es el universo y las estrellas, él los rayos y los
truenos, él las voces y el fuego en lo alto de la montaña, no tenía poder para obligarte a
matar la oveja, sin embargo, tú, por ambición, la mataste, la sangre que ella derramó no
la absorbió toda la tierra del deserto, mira cómo llega hasta nosotros, es aquel hilo rojo
sobre el agua que, cuando nos vayamos de aquí, seguirá nuestro rastro, el tuyo, el de
Dios, el mío. Dijo Jesús a Dios, anunciaré a los hombres que soy tu hijo, el unigénito,
pero no creo que ni siquiera en estas tierras que son tuyas eso sea suficiente para que se
ensanche, como quieres, tu imperio, Te reconozco, hijo mío, al fin has abandonado las
fatigosas veleidades de resistencia con que estuviste a punto de irritarme, y entras, con tu
propio pie, en el modus faciendi, ahora bien, entre las innumerables cosas que a los
hombres pueden ser dichas, cualquiera que sea su raza, color, credo o filosofía, una sola
es pertinente a todos, una sola, a la que ninguno de estos hombres, sabio o ignorante,
joven o viejo, poderoso o miserable, se atrevería a responderte Eso que estás diciendo no
va conmigo, De qué se trata, preguntó Jesús, ahora sin disimular su interés, Todo
hombre, respondió Dios, en tono de quien da una lección, sea quien fuere, esté donde
esté, haga lo que haga, es un pecador, el pecado es, por así decir, tan inseparable del
hombre como el hombre se ha hecho inseparable del pecado, el hombre es una moneda,
le das la vuelta y ves el pecado, No has respondido a mi pregunta, Respondo, sí, y de esta
manera, la única palabra que ningún hombre puede rechazar como cosa no suya es
Arrepiéntete, porque todos los hombres cayeron en pecado, aunque sólo fuese una sola
vez, tuvieron un mal pensamiento, infringieron una costumbre, cometieron un crimen
mayor o menor, despreciaron a quien los necesitaba, faltaron a sus deberes, ofendieron a
la religión o a sus ministros, renegaron de Dios, a esos hombres no tendrás que decirles
más que Arrepentíos Arrepentíos Arrepentíos, Por tan poco no necesitarías sacrificar la
vida de aquel de quien dices ser padre, bastaba con que hicieras aparecer a un profeta,
Ya ha pasado el tiempo en que escuchaban a los profetas, hoy necesitamos un revulsivo
fuerte, algo capaz de conmover la sensibilidad y arrebatar los sentimientos, Un hijo de
Dios en la cruz, Por ejemplo, Y qué más le diré a la gente, aparte de exigirles un dudoso
arrepentimiento, si, hartos de tu advertencia, me dan la espalda, Sí, mandar que se
arrepientan no creo que sea suficiente, tendrás que recurrir a la imaginación, y no digas
que no la tienes, todavía hoy estoy sorprendido con el modo como conseguiste no
sacrificarme el cordero, Fue fácil, el animal no tenía nada de que arrepentirse, Graciosa
respuesta, aunque sin sentido, pero hasta eso es bueno, hay que dejar inquietas a las
personas, envueltas en dudas, inducirlas a pensar que si no consiguen entender, la culpa
es suya, Tengo que contarles historias, Sí, historias, parábolas, ejemplos morales, aunque
tengas que retorcer un poco la ley, no te importe, es una osadía que las gentes timoratas
siempre aprecian en los otros, a mí mismo, pero no por ser timorato, me gustó tu manera
de librar de la muerte a la adúltera, y mira que lo que digo no es poco, pues esa justicia la
puse yo en la regla que os di, Permites que te subviertan las leyes, es una mala señal, Lo
permito cuando me sirve, incluso llego a quererlo cuando me es útil, recuerda la
explicación sobre la ley y las excepciones, lo que mi voluntad quiere, se hace obligatorio
en el mismo instante, Moriré en la cruz, dijiste:
—Esa es mi voluntad.
Jesús miró al pastor, pero el rostro de él parecía ausente, como si estuviera
contemplando un momento del futuro y le costara creer lo que veían sus ojos. Jesús dejó
caer los brazos y dijo, Hágase entonces en mí según tu voluntad.
Dios iba a contragularse, a levantarse del banco para abrazar al hijo amado, cuando un
gesto de Jesús lo detuvo, Con una condición, Bien sabes que no puedes poner
condiciones, respondió Dios con expresión de contrariedad, No le llamemos condición,
llamémosle ruego, el simple ruego de un condenado a muerte, A ver, di, Tú eres Dios y
Dios no puede sino responder con verdad a cualquier pregunta que se le haga, y, siendo
Dios, conoce todo el tiempo pasado, la vida de hoy, que está en el medio, y todo el tiempo
futuro, Así es, yo soy el tiempo, la verdad y la vida, Entonces, dime, en nombre de todo lo
que dices ser, cómo será el futuro después de mi muerte, qué habrá en él que no habría si
yo no hubiera aceptado sacrificarme a tu insatisfacción, a ese deseo de reinar sobre más
gente y más países. Dios hizo un movimiento de enfado, como quien acaba de verse preso
en una red armada por sus propias palabras, e intentó, sin convicción, una evasiva, Mira,
hijo mío, el futuro es enorme, el futuro sería muy largo de contar, Cuánto tiempo
llevamos aquí en el mar, envueltos en la niebla, preguntó Jesús, un día, un mes, un año,
pues bien continuemos otro año, otro mes, otro día, el Diablo que se vaya si quiere, ya
tiene garantizada su parte, y si los beneficios fueran proporcionales, como parece justo,
cuanto más crezca Dios, más crecerá el Diablo, Me quedo, dijo Pastor, era su primera
palabra desde que se había anunciado, Me quedo, repitió, y luego, También yo puedo ver
algunas cosas del futuro, pero lo que no siempre consigo es distinguir si es verdad o
mentira lo que creo ver, es decir, veo mis mentiras como lo que son, verdades mías, pero
nunca sé hasta qué punto las verdades de los otros son mentiras suyas. La laberíntica
tirada exigía, para quedar perfectamente rematada, que Pastor dijera qué cosas del futuro
veía, pero se calló bruscamente, como quien acaba de darse cuenta de que ya ha hablado
demasiado. Jesús, que no perdía de vista a Dios, dijo, con una especie de ironía triste,
Para qué fingir que no sabes lo que sabes, sabías que yo te pediría esto, sabes que me
dirás lo que yo quiero saber, así que no retrases más mi tiempo de empezar a morir,
Empezaste a morir desde que naciste, Así es, pero ahora iré más deprisa. Dios miró a
Jesús con una expresión que, en persona, diríamos que fue de súbito respeto, como si
sus modos y todo su ser se humanizasen y, aunque parezca que esto no tiene nada que
ver con aquello, porque nunca conoceremos nosotros las vinculaciones profundas que
existen entre todas las cosas y los actos, la niebla avanzó hacia la barca, la rodeó como
una muralla cerrada y espesa, para que no salieran y se divulgasen en el mundo las
palabras de Dios sobre los efectos, resultados y consecuencias del sacrificio de este
Jesús, hijo que dice suyo y de María, pero cuyo padre verdadero es José, según ley no
escrita que manda creer sólo en lo que se ve, aunque, ya se sabe, no veamos siempre,
nosotros, hombres, las mismas cosas de la misma manera, lo que, por otra parte, ha
resultado excelente para la supervivencia y relativa salud mental de la especie.
Dijo Dios, Habrá una iglesia, que, como sabes, quiere decir asamblea, una sociedad
religiosa que tú fundarás, o que en tu nombre será fundada, lo que es más o menos lo
mismo si nos atenemos a lo que importa, y esa iglesia se extenderá por el mundo hasta
confines que hoy todavía son desconocidos, y se llamará católica porque será universal, lo
que, desgraciadamente, no evitará desavenencias y disensiones entre los que te tendrán
como referente espiritual, más, como ya te dije, a ti que a mí mismo, pero eso será
durante algún tiempo, sólo unos miles de años, porque yo ya era antes de que tú fueses y
seguiré siéndolo cuando tú dejes de ser lo que eres y lo que serás, Habla claro, le
interrumpió Jesús, No es posible, dijo Dios, las palabras de los hombres son como
sombras y las sombras nunca sabrían explicar la luz, entre ellas y la luz está,
interponiéndose, el cuerpo opaco que las hace nacer, Te he preguntado por el futuro, Y
del futuro te estoy hablando, Lo que quiero que me digas es cómo vivirán los hombres que
vengan después de mí, Te refieres a los que te sigan, Sí, si serán más felices, Más felices,
lo que se dice felices, no diría yo tanto, pero tendrán la esperanza de una felicidad allá en
el cielo donde yo vivo eternamente, o sea, tendrán la espeanza de vivir eternamente
conmigo, Nada más, Te parece poco, vivir con Dios, Poco, mucho o todo, sólo se sabrá
después del juicio final, cuando juzgues a los hombres por el bien y por el mal que hayan
hecho, pero entre tanto vivirás solo en el cielo, Tengo a mis ángeles y a mis arcángeles, Te
faltan los hombres, Sí, me faltan, y para que ellos vengan a mí, tú serás crucificado,
Quiero saber más, dijo Jesús casi con violencia, como si quisiera alejar la imagen qe de sí
mismo se le representaba, colgado de una cruz, ensangrentado, muerto, Quiero saber
cómo llegarán las personas a creer en mí y a seguirme, no me digas que será suficiente lo
que yo les diga, no me digas que bastará lo que en mi nombre digan después de mí los
que en mí ya creían, te doy un ejemplo, los gentiles y los romanos, que tienen otros
dioses, quieres tú decir que, sin más ni más, los cambiarán por mí, Por ti no, por mí, Por
ti o por mí, tú mismo dices que es lo mismo, no juguemos con las palabras, responde a mi
pregunta, Quien tenga fe, vendrá a nosotros, Así, sin más, tan simplemente como lo
acabas de decir, Los otros dioses resistirán, Y tú lucharás contra ellos, qué disparate,
todo cuanto acontece, acontece en la tierra, el cielo es eterno y pacífico, el destino de los
hombres lo cumplen los hombres donde estén, Diciendo las cosas claramente, aunque las
palabras sean sombras, van a morir hombres por ti y por mí, Los hombres siempre
morirán por los dioses, hasta por falsos y mentirosos dioses, Pueden los dioses mentir,
Pueden, Y tú, entre todos, eres el único verdadero, {único y verdadero, sí, Y siendo
verdadero y único, ni siquiera así puedes evitar que los hombres mueran por ti, ellos que
debían haber nacido para vivir para ti, en la tierra, quiero decir, no en el cielo, donde no
tendrás para darles ninguna de las alegrías de la vida, Alegrías falsas, también ellas,
porque nacieron con el pecado original, pregúntale a tu Pastor, él te explicará cómo fue,
Si hay entre tú y el Diablo secretos no compartidos, espero que uno de ellos sea el que yo
aprendí con él, aunque él diga que no aprendí nada. Hubo un silencio, Dios y el Diablo se
miraron de frente por primera vez, ambos dieron la impresión de ir a hablar, pero nada
ocurrió. Dijo Jesús, Estoy a la espera, De qué, preguntó Dios, como si estuviera distraído,
De que me digas cuánto de muerte y sufrimiento va a costar tu victoria sobre los otros
dioses, con cuánto de sufrimiento y de muerte se pagarán las luchas que en tu nombre y
en el mío sostendrán unos contra otros los hombres que en nosotros van a creer, Insistes
en querer saberlo, Insisto, Pues bien, se edificará la asamblea de que te he hablado, pero
sus cimientos, para quedar bien firmes, tendrán que ser excavados en la carne, y estar
compuestos de un cemento de renuncias, lágrimas, dolores, torturas, de todas las
muertes imaginables hoy y otras que sólo en el futuro serán conocidas, Al fin estás siendo
claro y directo, sigue, Para empezar por alguien a quien conoces y amas, el pescador
Simón, a quien llamarás Pedro, será, como tú, crucificado, pero cabeza abajo, y
crucificado será también Andrés, pero en una cruz en forma de aspa, y al hijo de Zebedeo,
a ese que llaman Tiago, lo degollarán, Y Juan y María de Magdala, Esos morirán de su
muerte natural, cuando se acaben sus días naturales, pero otros amigos tendrás,
discípulos y apóstoles como los otros, que no escaparán del suplicio, es el caso de un
Felipe, amarrado a la cruz y apedreado hasta que acaben con su vida, un Bartolomé, que
será desollado vivo, un Tomás, a quien matarán de una lanzada, un Mateo, que ahora no
recuerdo cómo morirá, otro Simón, serrado con el medio, un Judas, a mazazos, otro
Tiago, lapidado, un Matías, degollado con hacha de guerra, y también Judas de Iscariote,
pero de ese tú acabarás sabiendo más que yo, salvo la muerte, con sus propias manos
ahorcado en ua higuera, Todos esos tendrán que morir por ti, preguntó Jesús, Si planteas
la cuestión en esos términos, sí, todos morirán por mí, Y después, Después, hijo mío, ya
te lo he dicho, será una historia interminable de hierro y sangre, de fuego y de cenizas, un
mar infinito de sufrimientos y de lágrimas, Cuenta, quiero saberlo todo.
Dios suspiró y, en el tono monocorde de quien ha preferido adormecer la piedad y la
misericordia, comenzó la letanía, por orden alfabético, para evitar problemas de
precedencias, Adalberto de Praga, muerto con una alabarda de siete puntas, Adriano,
muerto a martillazos sobre un yunque, Afra de Ausburgo, muerta en la hoguera, Agapito
de Preneste, muerto en la hoguera, colgado por los pies, Agrícola de Bolonia, muerto
crucificado y atravesado por clavos, {águeda de Sicilia, muerta con los senos cortados,
Alfegio de Cantuaria, muerto de una paliza, Anastasio de Salona, muerto en la horca y
decapitado, Anastasia de Sirmio, muerta en la hoguera y con los senos cortados, Ansano
de Sena, a quien arrancaron las vísceras, Antonino de Pamiers, descuartizado, Antonio de
Rívoli, muerto a pedradas y quemado, Apolinar de Rávena, muerto a mazazos, Apolonia
de Alejandría, muerta en la hoguera después de arrancarle los dientes, Augusta de
Treviso, decapitada y quemada, Aura de Ostia, muerta ahogada con una rueda de molino
al cuello, {áurea de Siria, muerta desangrada, sentada en una silla forrada de clavos,
Auta, muerta a flechazos, Babilas de Antioquía, decapitado, Bárbara de Nicomedia,
decapitada, Bernabé de Chipre, muerto por lapidación y quemado, Beatriz de Roma,
estrangulada, Benigno de Dijon, muerto a lanzazos, Blandina de Lyon, muerta a cornadas
de un toro bravo, Blas de Sebaste, muerto por cardas de hierro, Calixto, muerto con una
rueda atada al cuello, Casiano de {ímola, muerto por sus alumnos con un estilete,
Cástulo, enterrado en vida, Catalina de Alejandría, decapitada, Cecilia de Roma,
degollada, Cipriano de Cartago, decapitado, Ciro de Tarso, muerto, niño aún, por un juez
que le golpeó la cabeza en las escaleras del tribunal, Claro de Nantes, decapitado, Claro
de Viena, decapitdo, Clemente, ahogado con un ancla al cuello, Crispín y Crispiniano de
Soissons, decapitados, Cristina de Bolsano, muerta por todo cuanto se pueda hacer con
muela de molino, rueda, tenazas, flechas y serpientes, Cucufate de Barcelona,
despanzurrado, y al llegar al final de la letra C, Dios dijo, Más adelante es todo igual, o
casi, son ya pocas las variaciones posibles, excepto las de detalle, que, por su
refinamiento, serían muy largas de explicar, quedémonos aquí, Continúa, dijo Jesús, y
Dios continuó, abreviando en lo posible, Donato de Arezzo, decapitado, Elifio de
Rampillon, le cortarán la cubierta craneana, Emérita, quemada, Emilio de Trevi,
decapitado, Esmerano de Ratisbona, amarrado a una escalera y muerto, Engracia de
Zaragoza, decapitada, Erasmo de Gaeta, también llamado Telmo, descoyuntado por un
cabrestante, Escubíbulo, decapitado, Esquilo de Suecia, lapidado, Esteban, lapidado,
Eufemia de Calcedonia, le clavarán una espada, Eulalia de Mérida, decapitada, Eutropio
de Saintes, cabeza cortada de un hachazo, Fabián, espada y cardas de hierro, Fe de Agen,
degollada, Felicidad y sus Siete Hijos, cabezas cortadas a espada, Félix y su hermano
Adauto, ídem, Ferreolo de Besancon, decapitado, Fiel de Sigmaringen, con una maza
erizada de púas, Filomena, flechas y áncora, Fermín de Pamplona, decapitado, Flavia
Domitila, ídem, Fortunato de {évora, tal vez ídem, Fructuoso de Tarragona, quemado,
Gaudencio de Francia, decapitado, Gelasio, ídem más cardas de hierro, Gengulfo de
Borgoña, cuernos, asesinado por el amante de su mujer, Gerardo de Budapest, lanza,
Gedeón de Colonia, decapitado, Gervasio y Protasio, gemelos, ídem, Godeliva de
Ghistelles, estrangulada, Goretti, María, ídem, Grato de Aosta, decapitado, Hermenegildo,
hacha, Hierón, espada, Hipólito, arrastrado por un caballo, Ignacio de Azevedo, muerto
por los calvinistas, estos no son católicos, Inés de Roma, desventrada, Genaro de Nápoles,
decapitado tras lanzarlo a las fieras y meterlo en un horno, Juana de Arco, quemada viva,
Juan de Brito, degollado, Juan Fisher, decapitado, Juan Nepomuceno, de Praga, ahogado,
Juan de Prado, apuñalado en la cabeza, Julia de Córcega, le cortarán los senos y luego la
crucificarán, Juliana de Nicomedia, decapitada, Justa y Rufina de Sevilla, una en la
rueda, otra estrangulada, Justina de Antioquía, quemada con pez hirviendo y decapitada,
Justo y Pastor, pero no éste aquí presente, de Alcalá de Henares, decapitados, Killian de
Würzburg, decapitado, Léger de Autun, ídem, después de arrancarle los ojos y la lengua,
Leocadia de Toledo, despeñada, Lievin de Gante, le arrancarán la lengua y lo decapitarán,
Longinos, decapitado, Lorenzo, quemado en la parrilla, Ludmila de Praga, estrangulada,
Lucía de Siracusa, degollada tras arrancarle los ojos, Magín de Tarragona, decapitado con
una hoz de filo de sierra, Mamed de Capadocia, destripado, Manuel, Sabel e Ismael,
Manuel con un clavo de hierro a cada lado del pecho, y otro clavo atravesándole la cabeza
de oído a oído, todos degollados, Margarita de Antioquía, hachón y peine de hierro, Mario
de Persia, espada, amputación de las manos, Martina de Roma, decapitada, los mártires
de Marruecos, Berardo de Cobio, Pedro de Gemianino, Otón, Adjuto y Acursio, degollados,
los del Japón, veintiséis crucificados, lanceados y quemados, Mauricio de Agaune,
espada, Meinrad de Einsiedeln, maza, Menas de Alejandría, espada, Mercurio de
Capadocia, decapitado, Moro, Tomás, ídem, Nicasio de Reims, ídem, Odilia de Huy,
flechas, Pafnucio, crucificado, Payo, descuartizado, Pancracio, decapitado, Pantaleón de
Nicomedia, ídem, Patroclo de Troyes y de Soest, ídem, Paulo de Tarso, a quien deberás tu
primera iglesia, ídem, Pedro de Rates, espada, Pedro de Verona, cuchillo en la cabeza y
puñal en el pecho, Perpetua y Felicidad de Cartago, Felicidad era la esclava de Perpetua,
corneadas por una vaca furiosa, Pia de Tournai, le cortarán el cráneo, Policarpo,
apuñalado y quemado, Prisca de Roma, comida por los leones, Proceso y Martiniano, la
misma muerte, creo, Quintino, clavos en la cabeza y en otras partes, Quirino de Ruan,
cráneo serrado por arriba, Quiteria de Coimbra, decapitada por su propio padre, un
horror, Renaud de Dormund, maza de cantero, Reine de Alise, gladio, Restituta de
Nápoles, hoguera, Rolando, espada, Román de Antioquía, lengua arrancada,
estrangulamiento, aún no estás harto, preguntó Dios a Jesús, y Jesús respondió, Esa
pregunta deberías hacértela a ti mismo, continúa, y Dios continuó, Sabiniano de Sens,
degollado, Sabino de Asís, lapidado, Saturnino de Tolosa, arrastrado por un toro,
Sebastián, flechas, Segismundo, rey de los Burgundios, lanzado a un pozo, Segundo de
Asti, decapitado, Servacio de Tongres y de Maastricht, muerto a golpes con un zueco, por
imposible que parezca, Severo de Barcelona, un clavo en la cabeza, Sidwel de Exeter,
decapitado, Sinforiano de Autun, ídem, Sixto, ídem, Tarsicio, lapidado, Tecla de Iconio,
amputada y quemada, Teodoro, hoguera, Tiburcio, decapitado, Timoteo de {éfeso,
lapidado, Tirso, serrado, Tomás Becket, con una espada clavada en el cráneo, Torcuato y
los Veintisiete, muertos por el general Muza a las puertas de Guimaräes, Tropez de Pisa,
decapitado, Urbano, ídem, Valeria de Limoges, ídem, Valeriano, ídem, Venancio de
Camerino, degollado, Vicente de Zaragoza, rueda y parrilla con púas, Virgilio de Trento,
otro muerto a golpes de zueco, Vital de Rávena, lanza, Víctor, decapitado, Víctor de
Marsella, degollado, Victoria de Roma, muerta después de arrancarle la lengua,
Wilgeforte, o Liberata, o Eutropía, virgen, barbada, crucificada, y otros, otros, otros, ídem,
ídem, ídem, basta. No basta, dijo Jesús, a qué otros te refieres, Crees que es realmente
indispensable, Sí, lo creo, Me refiero a aquellos que no habiendo sido martirizados y
muriendo de su muerte propia sufrieron el martirio de las tentaciones de la carne, del
mundo y del demonio, y que para vencerlas tuvieron que mortificar el cuerpo con el
ayuno y la oración, hay incluso un caso interesante, el de un tal John Schorn, que pasó
tanto tiempo arrodillado rezando, que acabó criando callo. Dónde, En las rodillas,
evidentemente, y también se dice, esto ahora va contigo, que encerró al diablo en una
bota, ja, ja, ja, Yo, en una bota, dudó Pastor, eso son leyendas, para poder encerrarme en
una bota tendría que tener la bota el tamaño del mundo, e incluso así, me gustaría ver
quién habría por ahí capaz de calzársela y descalzársela después, Sólo con el ayuno y la
oración, preguntó Jesús, y Dios respondió, También ofenderán al cuerpo con dolor y
sangre y porquerías, y otras muchas penitencias, usando cilicios y practicando
flagelaciones, habrá incluso quien se pase la vida entera sin lavarse, o casi, y habrá quien
se lance en medio de las zarzas o se revuelque en la nieve, para domar las intemperancias
de la carne suscitadas por el Diablo, a quien estas tentaciones se deben, que su objetivo
es desviar a las almas del recto camino que las llevaría al cielo, mujeres desnudas y
monstruos pavorosos, criaturas de la aberración, la lujuria y el miedo, son las armas con
las que el Demonio atormenta las pobres vidas de los hombres, Todo esto harás, preguntó
Jesús a Pastor, Más o menos, respondió él, me he limitado a tomar como mío todo aquello
que Dios no quiso, la carne, con sus alegrías y sus tristezas, la juventud y la vejez, la
lozanía y la podredumbre, pero no es verdad que el miedo sea mi arma, no recuerdo
haber sido yo quien inventó el pecado y su castigo y el miedo que en ellos siempre hay,
Cállate, interrumpió Dios, impaciente, el pecado y el Diablo son dos nombres de una
misma cosa, Qué cosa, preguntó Jesús, La ausencia de mí, Y la ausencia de ti, a qué se
debe, a haberte retirado tú, o a que se hayan retirado de ti, yo no me retiro nunca, Pero
consientes que te dejen, Quien me deja me busca, Y si no te encuentra, la culpa, ya se
sabe, es del Diablo, No, de eso no tiene él la culpa, la culpa la tengo yo, que no logro
llegar al lugar donde me buscan, estas palabras las pronunció Dios con una punzante e
inesperada tristeza, como si de repente hubiera descubierto límites a su poder. Jesús dijo,
Continúa, Otros hay, siguió Dios, reanudando lentamente la conversación, que se retiran
a descampados agrestes y hacen, en grutas y cavernas, en compañía de animales, vida
solitaria, otros que se dejan emparedar, otros que suben a altas columnas y allí viven
años y años seguidos, otros, la voz menguó, fue decayendo, Dios contemplaba ahora un
desfile interminable de gente, millares y millares, millares de millares de hombres y
mujeres, en todo el orbe, entrando en conventos y monasterios, algunos son
construcciones rústicas, muchos, palacios soberbios, allí permanecerán para servirnos, a
mí y a ti, de la mañana a la noche, con vigilias y oraciones, y teniendo todos ellos el
mismo propósito y el mismo destino, para adorarnos y morir con nuestros nombres en la
boca, usarán nombres distintos, serán benedictinos, bernardos, cartujos, agustinos,
gilbertinos, trinitarios, franciscanos, dominicos, capuchinos, carmelitas, jesuitas, y serán
muchos, muchos, muchos, ah, cómo me gustaría poder exclamar, Dios mío, por qué son
tantos. En ese momento, dijo el Diablo a Jesús, Observa cómo, según lo que acaba de
decirnos, hay dos maneras de perder la vida, una por el martirio, otra por la renuncia, no
les bastaba tener que morir cuando llegara su hora, era necesario además que, de una
manera o de otra, corrieran a su encuentro, crucificados, destripados, descuartizados,
estrangulados, desollados, alanceados, corneados, enterrados, serrados, asaeteados,
amputados, desgarrados, o si no, dentro y fuera de celdas, capítulos y claustros,
castigándose por haber nacido con el cuerpo que Dios les dio y sin el cual no tendrían
donde poner el alma, tales tormentos no los inventó este Diablo que te habla. Es todo,
preguntó Jesús a Dios, No, aún faltan las guerras, también habrá guerras, Y matanzas,
De matanzas estoy informado, podía incluso haber muerto en una de ellas, bien mirado
fue una pena, no tendría ahora a mi espera una cruz. Llevé a tu otro padre al lugar donde
era preciso que estuviera para poder oír lo que yo quise que los soldados dijesen, en fin,
te salvé la vida, Me salvaste la vida para hacerme morir cuando te parezca y convenga, es
como si me mataras dos veces, Los fines justifican los medios, hijo mío, Por lo que llevo
oído de tu boca desde que aquí estamos, creo que sí, renuncia, clausura, sufrimientos,
muerte, y ahora guerras y matanzas, qué guerras son esas, Muchas, un nunca acabar,
pero sobre todo las que se harán contra ti y contra mí en nombre de un dios que todavía
está por aparecer, Cómo es posible que esté por aparecer un dios, un dios, si realmente lo
es, sólo puede existir desde siempre y para siempre, Reconozco que cuesta entenderlo, y
no menos explicarlo, pero va a suceder como te estoy diciendo, un dios vendrá y lanzará
contra nosotros, y los que entonces nos sigan, pueblos enteros, yo no tengo palabras
bastantes para contarte todas las mortandades, las carnicerías, las matanzas, imagina mi
altar de Jerusalén multiplicado por mil, pon hombres en lugar de los animales, y ni
siquiera así entenderás por entero lo que fueron las cruzadas, Cruzadas, qué es eso, y por
qué dices que fueron si aún están por ser, Recuerda que yo soy el tiempo, y que en
consecuencia, para mí, todo lo que ocurrirá ha ocurrido ya, todo cuanto aconteció, está
aconteciendo todos los días, Cuéntame eso de las cruzadas, Bueno, hijo mío, estos
lugares donde ahora estamos, incluyendo Jerusalén y otras tierras hacia el norte y
occidente, serán conquistadas por los seguidores de ese dios tardío del que te he hablado,
y los nuestros, los que están de nuestro lado, harán todo por expulsarlos de los lugares
que tú con tus pies pisaste y que yo con tanta asiduidad frecuenté, Para expulsar a los
romanos, hoy, no has hecho mucho, Te estoy hablando del futuro, no me distraigas,
Sigue, entonces, Añade que tú naciste aquí, aquí viviste y aquí moriste, Por ahora, todavía
no he muerto, Para el caso es igual, acabo de explicarte que, desde mi punto de vista, lo
mismo es acontecer que haber acontecido y, por favor, no me estés interrumpiendo
siempre si no quieres que me calle de una vez por todas, Me callaré yo, Pues bien, estas
tierras a las que en el futuro llamarán Santos Lugares, por el hecho de haber nacido,
vivido y muerto tú aquí, no sería bueno que estvieran en manos de infieles, siendo la
cuna de la religión que voy a fundar, motivo, como ves, más que suficiente para justificar
que, durante unos doscientos años, grandes ejércitos vengan de occidente e intenten
conquistar y conservar para nuestra religión la cueva donde naciste y el monte donde
morirás, por hablar sólo de los lugares principales, Esos ejércitos son las cruzadas, Así
es, Y conquistaron lo que querían, No, pero mataron a mucha gente, Y los de las
cruzadas, Murieron otros tantos, incluso más, Y todo eso, en nuestro nombre, Irán a la
guerra gritando Dios lo quiere, Y morirán gritando Dios lo quiso, Sería una bonita manera
de acabar, Una vez más, no valió la pena el sacrificio, El alma, hijo mío, para salvarse,
necesita el sacrificio del cuerpo, Con esas u otras palabras, ya lo había oído antes, y tú,
Pastor, qué nos dices de estos futuros y asombrosos casos, Digo que nadie que esté en su
perfecto juicio podrá afirmar que el Diablo fue, es o será culpable de tal matanza y de
tantos cementerios, salvo si a algún malvado se le viene a la cabeza la ocurrencia
calumniosa de atribuirme la responsabilidad de hacer nacer al dios que será enemigo de
éste, Me parece claro y obvio que no tienes la culpa, y en cuanto al temor de que te
atribuyan la responsabilidad, responderás que el Diablo, siendo mentira, nunca podría
crear la verdad que Dios es, Pero entonces, preguntó Pastor, quién va a crear al Dios
enemigo. Jesús no sabía responder, Dios, si callado estaba, callado quedó, pero de la
niebla bajó una voz que dijo, tal vez este Dios y el que ha de venir no sean más que
heterónimos, De quién, de qué, preguntó, curiosa otra voz, de Pessoa (Juego de palabras,
“pessoa” en portugués significa "persona".
[N. del E.]), fue lo que se oyó, pero también podría haber sido, De la Persona. Jesús, Dios
y el Diablo hicieron como quien no ha oído, pero luego se miraron asustados, el miedo
común es así, une fácilmente las diferencias.
Pasó un tiempo, la niebla no volvió a hablar, y Jesús preguntó, ahora en el tono de quien
espera una respuesta afirmativa , Nada más, Dios vaciló, y luego, en tono fatigado, dijo:
—Todavía está la Inquisición, pero de ella, si no te importa hablaremos en otra ocasión,
Qué es la Inquisición, La Inquisición es otra historia interminable, Quiero conocerla, Sería
mejor que no, Insisto, Vas a sufrir en tu vida de hoy remordimientos que son del futuro,
tú no, Dios es Dios, no tiene remordimientos, Pues yo, si ya llevo esta carga de tener que
morir por ti, también puedo aguantar remordimientos que deberían ser tuyos, Preferiría
ahorrártelos, De hecho, no vienes haciendo otra cosa desde que nací, Eres un ingrato,
como todos los hijos, Dejémonos de fingimientos y dime qué va a ser la Inquisición, La
Inquisición, también llamada Tribunal del Santo Oficio, es el mal necesario, el
instrumento cruelísimo con el que atajaremos la infección que un día, durante largo
tiempo, se instalará en el cuerpo de tu Iglesia por vía de las nefandas herejías en general
y de sus derivados y consecuentes menores, a las que se suman unas cuantas
perversiones de lo físico y de lo moral, lo que, todo junto y puesto en el mismo saco de
horrores, sin preocupaciones de prioridad y orden, incluirá a luteranos y a calvinistas, a
molinistas y judaizantes, a sodomitas y a hechiceros, manchas algunas que serán del
futuro, y otras de todos los tiempos, Y siendo la necesidad que dices, cómo procederá la
Inquisición para reducir estos males, La Inquisición es una policía y un tribunal, por eso
tendrá que aprehender, juzgar y condenar como hacen los tribunales y las policías,
Condenar a qué, A la cárcel, al destierro, a la hoguera, A la hoguera, dices, Sí, van a
morir quemados, en el futuro, millares y millares y millares de hombres y de mujeres, De
algunos ya me has hablado antes, Esos fueron arrojados a la hogera por creer en ti, los
otros lo serán por dudar, No está permitido dudar de mí, No, Pero nosotros podemos
dudar de que el Júpiter de los romanos sea dios, El único Dios soy yo, yo soy el Señor y
tú eres mi Hijo, Morirán miles, Cientos de miles, Morirán cientos de miles de hombres y
mujeres, la tierra se llenará de gritos de dolor, de aullidos y de estertores de agonía, el
humo de los quemados cubrirá el sol, su grasa rechinará sobre las brasas, el hedor
repugnará y todo esto será por mi culpa, No por tu culpa, por tu causa, Padre, aparta de
mí ese cáliz, el que tú lo bebas es condición de mi poder y de tu gloria, No quiero esa
gloria, Pero yo quiero ese poder. La niebla se alejó hacia donde antes estaba, se veía agua
alrededor del barco, lisa y opaca, sin una arruga de viento o una agitación de brisa.
Entonces el Diablo dijo, Es necesario ser Dios para que le guste tanto la sangre.
La niebla volvió a avanzar, algo tenía que ocurrir aún, otra revelación, otro dolor, otro
remordimiento. Pero fue Pastor quien habló, Tengo una propuesta para ti, dijo
dirigiéndose a Dios, y Dios, sorprendido, Una propuesta, tú, y qué propuesta es esa, el
tono era irónico, superior, capaz de reducir al silencio a cualquiera que no fuera el Diablo,
conocido y familiar de largo tiempo. Pastor estuvo un momento callado, como si buscara
las mejores palabras, y luego dijo, He oído con gran atención todo cuanto se ha dicho en
esta barca y, aunque por mi cuenta ya había vislumbrado unos resplandores y unas
sombras en el futuro, no creí que los resplandores fueran hogueras y las sombras de
tanta gente muerta, Y eso te molesta, No debía molestarme, dado que soy el Diablo, y el
Diablo siempre en algo se aprovecha de la muerte, incluso más que tú, pues no necesita
demostración el hecho de que el infierno estará siempre más poblado que el cielo,
Entonces, de qué te quejas, No me quejo, propongo, Pues propón más rápido, que no
puedo quedarme aquí eternamente, tú sabes, nadie mejor que tú lo sabe, que el Diablo
también tiene corazón, Sí, pero haces mal uso de él, Quiero hacer hoy buen uso del
corazón que tengo, acepto y quiero que tu poder se amplíe a todos los extremos de la
tierra, sin que tenga que morir tanta gente, y puesto que de todo aquello que te
desobedece y niega dices tú que es fruto del Mal que yo soy y gobierno en el mundo, mi
propuesta es que vuelvas a recibirme en tu cielo, perdonado de los males pasados por los
que en el futuro no tendré que cometer, que aceptes y guardes mi obediencia, como en los
tiempos felices en que fui uno de tus ángeles predilectos, Lucifer me llamabas, el que lleva
la luz, antes de que una ambición de ser igual a ti me devorase el alma y me hiciera
rebelarme contra tu autoridad, Y por qué voy a recibirte y perdonarte, dime, Porque si lo
haces, si usas conmigo, ahora, de aquel mismo perdón que en el futuro prometerás tan
fácilmente a derecha e izquierda, entonces se acaba aquí hoy el Mal, tu hijo no tendrá que
morir, y tu reino será, no sólo esta tierra de hebreos, sino el mundo entero, conocido y
por conocer, y, más que el mundo, el universo, por todas partes el Bien gobernará y yo
cantaré, en la última y humilde fila de los ángeles que permanecieron fieles, más fiel que
todos porque estoy arrepentido, yo cantaré tus loores, todo terminará como si no hubiese
sido, todo empezará a ser como si de esa manera debiera ser siempre, No se puede negar
que tienes talento para confundir a las almas y perderlas, eso ya lo sabía yo, pero nunca
te había oído un discurso como éste, un talento oratorio, una labia, no hay duda,
estuviste a punto de convencerme, No me aceptas, no me perdonas, No te acepto, no te
perdono, te quiero como eres y, de ser posible, todavía peor de lo que eres ahora, Por qué,
Porque este Bien que yo soy no existiría sin ese Mal que tú eres, un Bien que tuviese que
existir sin ti sería inconcebible, hasta el punto de que ni yo puedo imaginarlo, en fin, que
si tú acabas, yo acabo, para que yo sea el Bien, es necesario que tú sigas siendo el Mal, si
el Diablo no vive como Diablo, Dios no vive como Dios, la muerte de uno sería la muerte
del otro, es tu última palabra, La primera y la última, la primera, porque es la primera vez
que la digo, la última porque no la repetiré. Pastor se encogió de hombros y habló con
Jesús, Que no se diga que el Diablo no tentó un día a Dios, y, levantándose, iba a pasar
una pierna por encima de la borda de la embarcación, cuando, de pronto, dejó el
movimiento en suspenso, y dijo, Tienes en tu alforja una cosa que me pertenece. Jesús no
recordaba haber traído la alforja a la barca, pero la verdad es que allí estaba, enrollada, a
sus pies, Qué cosa, preguntó, y, abriéndola, vio que dentro no había más que la vieja
escudilla negra que trajo de Nazaret, Esto, Eso, respondió el Diablo, y se la quitó de las
manos, Un día volverá a tu poder pero tú no llegarás a saber que la tienes. Guardó la
escudilla entre sus bastas ropas de pastor y entró en el agua. No miró a Dios, sólo dijo,
como si hablara con un auditorio de invisibles, Hasta siempre, ya que él lo ha querido así.
Jesús lo siguió con los ojos, Pastor se iba alejando poco a poco perdiéndose en la niebla,
no se le ocurrió preguntarle por qué capricho vino y se marchaba así, a nado, en la
distancia era de nuevo como un puerco con las orejas erguidas, se oían unos jadeos
bestiales, pero un oído fino no tendrá dificultad en percibir que había también allí un
sonido de miedo, no a ahogarse, qué idea, el Diablo, acabamos de enterarnos ahora
mismo, no acaba, sino de miedo de tener que existir para siempre. Ya Pastor se perdía en
la línea difusa de la niebla, cuando la voz de Dios sonó de repente, rápida, como de quien
está de partida, Mandaré a un hombre llamado Juan para que te ayude, pero tendrás que
convencerlo de que eres quien dirás ser. Jesús miró, pero Dios ya no estaba allí. En el
mismo instante, la niebla se levantó y se disipó en el aire dejando el mar limpio y liso de
una punta a otra, entre los montes y los montes, en el agua ni señal del Diablo, en el aire
ni señal de Dios.
lunes, 24 de mayo de 2010
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